Tuesday, February 20, 2007

El festival de poesía de Héctor Avellán



Concluyó la tercera edición del festival de poesía de Granada. Los poetas regresaron a sus casas a marcar con una X en el calendario: seis de febrero del 2008 y contar los días para volverse a encontrar en la plazoleta de la gran sultana, si los Señores del Destino así lo disponen.

Este festival, sin duda, ha sido fértil en comparación con los anteriores porque ha dejado sembrada la semillita de protesta, que evidencia las diferencias existentes entre un grupo de poetas y otro. Me refiero al festival de antipoesía de Héctor Avellán. Pero antes de contarles mi percepción de esa noche, quiero meditar sobre ciertas fallas del festival oficial de Francisco de Asís Fernández. Se supone que este año los poetas ungidos enterraron a la intolerancia o al menos eso pretendieron. Y durante la procesión realizada para este entierro los poetas Héctor Avellán y Helen Dixon introdujeron una carreta con publicidad de la actividad antipoesía, y de inmediato se quiso boicotear su acto, se pretendió silenciar su intervención artística por parte de las autoridades del festival "stablishment" demostrando delante de los cientos de poetas de diferentes partes del mundo que el "entierro de la intolerancia" era una farsa, ya que sus mismos organizadores pecaron de intolerantes al querer censurar la libertad de expresión artística de los autores.

También se supo de la molestia del dueño del festival y compañía limitada, por culpa de la iniciativa antipoética de Héctor Avellán, iniciativa que tuvo una muy mala lectura de parte de los ungidos, ya que lo único que se pretendía era dar una muestra no oficial de poesía nicaragüense. Es decir que en ese acto leerían los bardos no autorizados por los historiadores de la corte, o en su defecto, los bardos ajenos a la "alta alcurnia" de la poesía nicaragüense. No se trataba de un ataque sino de una propuesta sencilla y alternativa, que debería conducirnos únicamente a la reflexión.

Francisco de Asís y allegados deberían relajarse y pensar. Cuestionarse un poquito el por qué del festival de Héctor Avellán y asumir parte de la responsabilidad. Si hay inconformidad de parte de un grupo de poetas es por algo, no creo que sea gratuito. Quisiera darle el beneficio de la duda a Chichí e imaginar que no es el vanidoso, frívolo y vacío que sus mismos amigos a sus espaldas aseguran que es.

Pareciera que existe una eterna lucha entre juventud y vejez. La misma que se da en todos los sectores. Y los viejos no quieren soltar, no quieren aceptar que existe un relevo y mejor aún, que es un relevo con inteligencia literaria. Por eso, la otra vez, la escritora y crítica Helena Ramos me comentaba al respecto que "si uno entraba al parnasito, alguien debía salir", y eso les daba terror.

Yo creo que a los abuelos de la literatura nicaragüense les salió el tiro por la culata. Porque el tiempo se acaba y no encuentran a quien entregarle "el cetro". Y para rematar, los hijos de esta cúpula literaria son ingenieros, economistas, administradores de empresas, abogados, veterinarios, es decir, son cualquier cosa menos escritores, entonces el asunto se pone difícil porque no tienen con quien asegurarse la "oficialidad póstuma". Lamentablemente para ellos el relevo literario de este país viene desde abajo o desde el medio, (son contaditos los que provienen de las colinas) y a la mayoría de estos escritores jóvenes les ha costado la vida, conocen la oscuridad y el trabajo duro y sin descanso. Además son valientes, honestos y nada cortesanos. Digo esto último porque una muchacha me aseguraba que quienes leerían en el antipoesía de Héctor Avellán eran unos "resentidos porque no los habían incluido en el festival oficial", pero ella hablaba al peso de la lengua porque ignoraba que sí se les había invitado, pero por discrepancias en cuanto al trato y a la organización, los artistas preferían crear su propio espacio en donde pudieran expresarse con total libertad sin temor a que nadie los reprendiera o los censurara. La actividad de Héctor Avellán representó esa ruta de escape en la que se reunieron distintos poetas y en donde brilló la rebeldía y el coraje, tan mal interpretado, de los jóvenes. También quiero agregar que hay quienes creen que ser joven es una ofensa, cuando más bien representa todo lo contrario. Ser joven es un orgullo, una virtud, y que digan que nuestra escritura es joven debería halagarnos, porque significa que es limpia, sincera, briosa como los potrillos, indomable de los mezquinos valores tradicionales y de lo "políticamente correcto", libre y sin miedo. Ojalá que cuando tenga ochenta años, si es que llego, conserve fresca e intacta mi juventud. Nada tan hermoso como ver a un viejito rebelde y cascarrabias, un viejito inconforme con el mundo porque significa que ese ancianito nunca dejó de ser joven, y caminó hasta el ocaso de la vida oponiendo resistencia, significa que nunca bajó las defensas y no se dejó domesticar por la sociedad.

El poeta Álvaro Urtecho platicaba conmigo un día de estos. Álvaro siempre con su buen humor me comentaba frente a la cámara, en un video filmado para Marca Acme, lo siguiente: "No estoy de acuerdo en que usen el término antipoesía porque esa es una expresión de Nicanor Parra, la antipoesía se viene practicando desde antes, incluso aquí en Nicaragua... pero sí estoy de acuerdo en que los jóvenes poetas hagan un movimiento disidente contra los organizadores del festival porque hay un juego cupular que pretende traficar influencias a nivel planetario, estas cosas suceden en todas las sociedades porque el ser humano es egoísta, por eso simpatizo con los jóvenes poetas nicaragüenses que reclaman su espacio". Obviamente el festival antipoético, como mencioné anteriormente, no pretende atacar a nadie. La buena noticia es que se cuenta con un nuevo espacio. La noche de los antipoéticos fue plena de libertad y sosiego, por si acaso creyeron que el sosiego era un producto exclusivo del adulto mayor, se equivocaron. Esa noche fue calma y nítida como una laguna sin viento. Por mi parte, desde aquí puedo ver las ramitas de la semilla sembrada por el poeta Héctor Avellán, imagino a la plantita de protesta florecer y quiero contribuir abonándola con estas humildes y jóvenes líneas.

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"You made me confess the fears that I have. But I will tell you also what I do not fear. I do not fear to be alone or to be spurned for another or to leave whatever I have to leave. And I am not afraid to make a mistake, even a great mistake, a lifelong mistake and perhaps as long as eternity too"...