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Showing posts from March, 2007

Literatosis, la eterna aventura

Eunice Shade

El día que por primera vez me presenté detrás de un podium, hace unos días, con un libro propio en las manos para leer un cuento, no pude llegar ni siquiera a la quinta línea porque la voz se me cortaba y se me acumulaba líquido triste tras los ojos. Alcancé a escuchar un "gracias", un "me costó mucho hacerlo", porque de verdad me costó mucho hacerlo, y porque hacerlo, es decir, conquistar a la palabra y encontrarse a uno en ella es difícil. Hace diez años teníamos 17 y el mundo era otro. Hace diez años éramos otros.

Entonces recordé la aventura de Literatosis, la eterna deuda que tengo con quienes ahora son mis más cercanos amigos, algunos más que otros pero amigos. Y sentí que debía escribirlos porque nosotros no sólo queremos ser buenos escritores, sino algo más, algo más que un molde. Porque nuestra conquista no se limita a una página en blanco, sino que va más allá, al presente tangible de nuestras miradas chocando entre sí en las mesas de bares.…

Ortógrafa sin limites

Eunice Shade

Voy a empezar apartando las comas, los puntos, las exclamaciones, las mayúsculas y todos aquellos signos y mandatos del idioma. Es decir, que voy a adaptar un verso de Douglas Téllez a mi conveniencia: Quiero ser una ortógrafa sin límites.

También voy a ver de menos los errores al momento de teclear porque como ustedes sabrán nuestros dedos no son infalibles y en ciertas ocasiones suelen omitir involuntariamente alguna vocal o consonante. Lapsos de rutina.
Cuando uno escribe hay ciertas prioridades, sea usted narrador o poeta. Y es probable, certeramente probable, que usted olvide un acento o simple y llanamente se coma una letra por descuido. Eso me parece normal. Lo que me parece extraño es que existan lectores y lectoras que reduzcan un texto a la ausencia de una coma en el lugar preciso. Me ha pasado que he leído novelas increíbles, en el buen sentido de la palabra, y siempre encuentro en ellas un acento de más o un verbo mal conjugado, detalles en un universo de más…

Inscripciones en una pipa sagrada

Uno nunca termina de saber qué es la poesía. Ni siquiera leyendo las Cumbres del Idioma de Rodolfo M. Ragucci. Se me viene a la mente ese enorme ejemplar impreso en Buenos Aires en 1963, por una simple razón: si de nuestra lengua se trata, el trabajo de Ragucci, a pesar de su carácter antológico, es una obra de lectura obligatoria, no sólo por la arteria histórica del libro, sino porque sirve de antorcha para recorrer sin tropiezos los túneles de nuestro pasado u origen poético. Juglares, poesía popular, poesía culta, poesía lírica, poesía épica. Desde el Mester de Juglaría, esos primeros poetas de la España del siglo XII, esos poetas errantes, ambulantes, viajeros al son de la vihuela, siempre en la lengua del vulgo cantando versos propios o ajenos para ganarse la vida, pasando por la eras clásicas, seudoclásicas, de resurgimiento y de hoy, hasta un grupo excluido de versos de Netzahualcóyotl de Tezcuco o del Inca Pachacútec. Ni aún así termino de comprender qué es la poesía. Ni ley…