Monday, March 19, 2007

Literatosis, la eterna aventura


Eunice Shade

El día que por primera vez me presenté detrás de un podium, hace unos días, con un libro propio en las manos para leer un cuento, no pude llegar ni siquiera a la quinta línea porque la voz se me cortaba y se me acumulaba líquido triste tras los ojos. Alcancé a escuchar un "gracias", un "me costó mucho hacerlo", porque de verdad me costó mucho hacerlo, y porque hacerlo, es decir, conquistar a la palabra y encontrarse a uno en ella es difícil. Hace diez años teníamos 17 y el mundo era otro. Hace diez años éramos otros.

Entonces recordé la aventura de Literatosis, la eterna deuda que tengo con quienes ahora son mis más cercanos amigos, algunos más que otros pero amigos. Y sentí que debía escribirlos porque nosotros no sólo queremos ser buenos escritores, sino algo más, algo más que un molde. Porque nuestra conquista no se limita a una página en blanco, sino que va más allá, al presente tangible de nuestras miradas chocando entre sí en las mesas de bares. Por eso, y también por el simple antojo de contar una historia decidí escribir estas palabras.

Una cuentista llamada Chrisnell Sánchez Arguello fue la fundadora y Ulises Huete fue el poeta que bautizara al grupo y la revista. Ulises quien siempre ha sido admirador de Onetti tomó un término del uruguayo y concedió la identidad al grupo que en ese entonces estaba conformado en mayoría por otros escritores como Frida Sandoval y Karla Bermúdez. También por Rodrigo Peñalba y Ruiz Udiel. El escenario origen fue la Universidad Centroamericana.

En la misma Managua, en otro lugar, un grupo diferente apostaba al oficio literario. Me refiero a Consuelo Mora, Natalia Hernández, Martín Mulligan, Carlos Mario Urtecho, Tamara Montenegro, Marcela Duchamp y a su servidora, entre otros. Nuestro escenario origen fue la Universidad Americana. Y en conjunto, realizamos nuestro primer recital en Galería Praxis, Entre Líneas, se tituló. Fue el poeta Juan Chow quien nos presentó al público. En la audiencia sobresalía la escritora Helena Ramos, quien nos conoce desde pichoncitos, porque ahora somos pichones.

Luego vino Mayagna, que implicó cambios: algunos nos fuimos, otros entraron para darle vida al grupo. Los que nos fuimos optamos por iniciar una publicación que se llamó El Pozo del Paroxismo, una revista hecha con nuestras manos, sencilla, que no pretendía más que descubrirnos literariamente. Sólo sacamos dos números, porque Chrisnell nos propuso integrar Literatosis con el fin de refrescar su revista. Ahí nos fusionamos. Ahí conocí a Rodrigo y a Ruiz Udiel.

Al igual que nosotros, los viejos Literatosis, a pesar de que tenían más tiempito escribiendo, mantenían la concepción inicial que Todos los escritores, en nuestros inicios, tenemos de la literatura y que algunos aun conservamos en el fondo: es un oficio hermoso, romántico, es fantástico desahogarnos, revelar nuestras tristezas, nuestros miedos, criticar la sociedad, y quizá lo esencial: creer que la literatura podía salvar, es decir, destruir, al mundo. Era más la emoción de soñar con un oficio que realmente sentíamos que nos llenaba el alma que el trabajo frío de operar con bisturí la palabra. Al menos eso lo demuestran los poemas y cuentos de la época que todavía guardo en un viejo fólder en mi pequeña biblioteca. Que guardo con fotos, recortes de periódicos, afiches… todo un álbum valioso de nuestro primeros pasos en el arte literario.

Pero en esa convivencia de grupo, que se convirtió prácticamente en convivencia de familia, cada uno de nosotros vivía un tiempo diferente. Y se fueron rebelando y afirmando las identidades literarias. Así Ruiz Udiel optaba por la fuerza en la temática y en la imagen. Así Peñalba escribía con la sensibilidad propia de un gran artista. Así Consuelo experimentaba sin miedo con la forma visual de sus versos y nos asombraba y nos asombra. Así Natalia con la objetividad, la precisión y la ironía. Así Marcela con sentimientos profundos. Así José Adiak con sus cuentos mágicos. Así Mulligan con sus sueños hechos poesía. Así Carlos Mario y Tamara rompían los esquemas y el orden lineal en sus poemas. Así mi persona con el autoritarismo, la irreverencia y la pedantería propia del joven equivocado que cree saberlo todo. Y esos fuimos los que quedamos. Y esa película pasó ante mis ojos aquel día que lloré detrás del podium. Porque me costó mucho llegar a encontrar mis verdaderas palabras. Porque mis compañeros de Literatosis siempre fueron más libres, y tenían menos miedo, porque hace diez años ellos le quitaron el punto a la i y pusieron patas arriba a la w antes que otros en este país. Porque por culpa de ellos me costó llegar a mi, me costó la depresión de no saber quien es uno y después vino Joyce y tiempo después Lemebel y todo su Chile al rescate, y entendí quien era yo y qué tenía que hacer.

Para todos aquellos pichones la literatura fue y es una aventura. Desde que nos censuraron la controversial Literatosis número nueve, hasta la número diez con su nuevo formato y la presentación en aquel memorable recital de adictos a la piedra en la Colinita del Susto. Y la vez que la fundación Ernesto Rocca nos dio el reconocimiento imaginario a la rebeldía literaria. Y tantas veces que fuimos y somos felices. Hoy, cada quien independiente con su propio camino.

Visto desde este punto del tiempo, visto desde aquí al pasado, así veo las cosas ahora. Así leo a mis amigos con amor y entusiasmo, porque me enseñaron y me siguen enseñando. Así escucho las palabras de la envidia, y no me matan. Me hacen más fuerte.

Año 2007.

www.euniceshade.net


1 comment:

Krisma said...

Hola Eunice. Mi nombre es Krisma Mancía y es un honor para mí escribirle por primera vez con una inexplicable emoción a piel de flor por encontrar su blog. Le cuento que la primera vez que supe de ud fue por la Antología de Trilces Trópicos. ¡Somos compañeras de antología! Y eso me agrada mucho.

Un abrazo fuerte.

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"You made me confess the fears that I have. But I will tell you also what I do not fear. I do not fear to be alone or to be spurned for another or to leave whatever I have to leave. And I am not afraid to make a mistake, even a great mistake, a lifelong mistake and perhaps as long as eternity too"...