Wednesday, October 29, 2008

Thursday, June 05, 2008

Poesía de Eunice Shade: Asomándose a otra identidad



Por Carola Brantome


Y... no lo digo yo. Lo precisa Eunice en el cierre de su libro a modo de agradecimiento, cuando nos cuenta: “Son mis primeros poemas. La poesía con la que descubrí mi identidad.” Y ese descubrirse fue y es también un desafío. Igual, todo descubrimiento conlleva entrega y deslumbramiento, porque el descubrimiento es hijo de la búsqueda. Búsqueda no exenta de dilemas, agonías, largos territorios recorridos, travesías del yo. Todo eso lo he pensado ahora que me ha llegado el privilegio de presentar el libro: Escaleras abajo de Eunice Shade.

Cumpliendo con la enseñanza del maestro Flavio César Tijerino (q.e.p.d.), que me decía que me rodeara siempre de gente joven para mantenerme “al día” y saber qué lenguaje hablan, y cómo piensan, y conocer cómo está el mundo a través de las crónicas de voces verdaderamente jóvenes y frescas. Y es gratísimo y alentador saber que la gran corriente de la poesía está entrando a Nicaragua por medio de esta reciente generación que no permite que se apague el calor del mundo, y con su palabra y su interrogación, contestan a las voces del pasado, renovándolo.

Abrigados en el espíritu de una gran cultura precedente, no llegan débiles estas voces, aunque íntimas y demasiados personales, aparecen lúcidas, y alumbran los albores de esta corriente de multiplicidad que, conservando lo propio, lo suyo profundamente, despliegan sin maldecir, un ineludible cuestionamiento a las maestras y maestros mágicos que les anteceden.

Este descubrirse a una nueva identidad, no ha sido para Eunice una labor ajena al dolor, a la furia; apegada a la vida, “más que una metáfora”, disecciona la rosa, la inevitable poética rosa, pero esta vez en estas manos la rosa es una hacedora de caminos consciente: “en un grito (...) de no querer ser ya la rosa”.

Al leer este libro no dejé de pensar en una joven mujer bregando en medio de la tormenta. Deshaciendo y volviendo a hacer el poema, la línea, el significado que no se dejaba vencer, y así, en las madrugadas temblorosas renacía para volverse mariposa con la poesía en sus alas, aunque por la noche recomenzara la lucha nuevamente con aquel gusano viscoso y voraz, que es la palabra. Velando la penumbra entre el frío y el vino, prendiéndole fuego a su “habitación propia” para edificarla a la mañana siguiente, pero sin pensar que la soledad o la incertidumbre se constituirían en sus enemigas. Aunque le han dejado decir sin ningún miedo “Ando perdida por mis calles internas. / Todas polvorientas, / con asfalto / descascarado, / gritándome que me caigo, / que me derrumbo, / que me caigo.”

Este libro me remite a la primigenia fuerza de los primeros poemas, puros, salados, desolados, hechos y rehechos, subrayados y destruidos; ¿sobre cuántos poemas están escritos estos que hoy erigen este libro? Y ellos “escaleras abajo” aparecen como los cronistas de esas travesías del espíritu y el cuerpo de su autora. Estos, ¿acaso sean los que se salvaron una noche desvelada a la luz de una vela?, bajo el rigor de los ojos críticos, nada benignos de su autora. Salvados cuando vio cumplida su verdad y su fe.

Ya Shade aventaja en la narrativa con su tablero urbano, su libro “El texto perdido”, escrito en variadas personas que desempolvan al sujeto y comprimen al verbo, irónica y fiel a sí. Giran en espirales fuerzas y latitudes, que al pasar me dejan nostalgias súbitas; trenes, caminos, cuevas en ciudades que atestiguan que ya ninguna ciudad es eterna, que sólo leves huellas quedan en las estancias; se hunden en laberintos estrictamente literarios encuentros y desencuentros de amores que, el tiempo de hoy, cobija de una apresurada actualidad.

“Escaleras abajo”, es un posicionamiento, no un llanto lastimero, sentimental de abandono, desamor o pérdida. Tampoco hijo del hastío, más bien, desata una irritación frente al desdén del tiempo que le ve nacer y crecer. Porque en cada letra y palabra no encontramos una pizca de conformidad, tampoco consentimiento con la otredad, ni consigo misma. Sea Eunice quien lo deja dicho o la voz que se presenta, esta es una voz lúcida que a través de sus revelaciones despeja la locura del mundo, ese mundo que le quiere cosificar las ansias de ser auténtica, ser que ella no permite que le arrebaten.

Aunque, y como lo señalo al inicio de este texto, y dicho por su autora, éste es un poemario formado por poemas iniciales, no les considero el final de una revelación. “Respiro de láudano”, “Lágrimas en el tocador”, “Las cosas que no se dicen”, constituye esa raíz del canto, un friso de la vida; la azulenca agua y espuma que la marea trae con toda la carga del brillo de la sal y el mar.

A estas señales volveremos después. Estos poemas que son una agrupación personal de la autora, por algo persisten en letra de molde y nos congregan aquí y ven la luz de este tiempo, sin pérdida, ni sosiego. Son poemas que tienen su propio pasado y destino, del que no son inocentes, tampoco estériles. No descuidemos este libro.

Matagalpa, 25 de mayo del 2008

Wednesday, February 13, 2008

About Me

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"You made me confess the fears that I have. But I will tell you also what I do not fear. I do not fear to be alone or to be spurned for another or to leave whatever I have to leave. And I am not afraid to make a mistake, even a great mistake, a lifelong mistake and perhaps as long as eternity too"...