Tuesday, February 24, 2009

paisaje matutino



Ya cumpliremos como 90 años de cargar con el inodoro de Duchamp en las espaldas. Y todavía el puto inodoro despierta la ira de algunos.
Los viejos tomos de historia del arte de principios del siglo pasado decoran el estante, finas capas de polvo los cubren. Sombras y vértigo nos producen cuando los abrimos.
¿Habremos llegado a un punto en que sólo blancas tinieblas nos rodean? ¿Hacia donde apunta la flecha?
El o la artista está perdido frente a un muro sin escapatoria, aparentemente. O quizá se encuentra aburrido haciendo el tour desde el principio principito, esta vez con zapatos tennis o descalzo, con su mac o con su Ipod, registrando lo que ya sabemos, esta vez con algunas piruetas, otros lentes, otro soundtrack que le da cierto “toque” de novedad, como hiciera Sofía Coppola en María Antonieta.

Siempre se está o estamos inventándonos telescopios o cámaras mágicas para descubrir la realidad o imaginarla. Así veo al artista, con una digital en pleno renacimiento, o en pleno oscurantismo, o en plena era glacial (cada quien escoge su capítulo).

Ahí está sentado en la filosa roca de una costa (o arriba del techo de su casa con una bolsa de jocotes) intentando redefinir las fronteras entre lo de ayer y lo de hoy. Redefiniendo las estéticas o ¿es que acaso en este capítulo viviente de la historia del arte (que todavía se pone en tela de duda, que todavía se está escribiendo en líneas apócrifas según algunos) ya no existe la estética?
¿La nueva actitud de creación de la obra y de acercamiento a la misma debe ser entre más cotidiana y común (puede ser grotesca o íntimamente sórdida también), más artística? ¿Entre menos tenga que ver con el arte tal cual se entendía ayer, más arte es?

¿Estaremos cansados de los estereotipos de siempre y queremos crear otros que sean más flexibles, “más tuanis”, “más cool” que con el tiempo se rayarán y ocuparán su lugar en el estante, junto al tomo de Duchamp y Cia. Ltda?
Será este entonces el fin de esas dos viejas y necias preguntas: ¿Qué significa esto? O ¿Dónde está lo bello de tal o cual obra? Cuando la misma ya no requiere, quizá, ser bella a la antigua.

Recuerdo en alguna platica haber tocado estos puntos, pero aplicados a la literatura, recuerdo que hicimos una Literatosis con un explícito poema de Oliverio Girondo. Hoy, me pregunto, si habremos agotado las posibilidades de “lo bello”, si debemos renunciar a la anticuada “belleza”, porque… ¿Se agotaron sus posibilidades? O será que simplemente estamos hartos y nos aburre comer lo mismo siempre. ¿Será que el poder de la costumbre es más influyente precisamente en los detractores de estas cuestiones? Seríamos entonces los artistas infieles, los “arteriegos”, hoy es azul, mañana neón, otro día carnita de monte y así, porque ahora nos cansamos más rápido. Ya no existe la belleza, otros espacios deben ser revelados.

Me parece fascinante porque la montaña que escogimos está bien, pero bien empinada, sobre todo en Nic.
Y pareciera que este capitulo no quisiera tener referente anterior, que sus protagonistas (simularon) el corte rudo al cordón umbilical, como dice la Cantata Estupefacta de Álvaro Urtecho: no patria, no familia, no curriculum.
Hasta donde conozco, y por quiénes están metidos hasta el fondo en este asunto, ya no importa superar o contestar las preguntas de este texto. Ahorita ellos están muy ocupados tallando las letras de un nuevo sistema de lenguaje, o de comunicación. Un alfabeto nuevecito, con una pronunciación diferente, con una caligrafía y una ortografía combinadas con varios líquidos. Y cada año van entregando una letra, o una palabra, o una premisa. Camino hay recorrido. Esta mañana seguiré ese sendero.

About Me

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"You made me confess the fears that I have. But I will tell you also what I do not fear. I do not fear to be alone or to be spurned for another or to leave whatever I have to leave. And I am not afraid to make a mistake, even a great mistake, a lifelong mistake and perhaps as long as eternity too"...