Monday, June 29, 2009

Nadar sabe mi llama la agua fría...



Por Eunice Alejandra López Sánchez

Qué pálidos me resultan a mí los tercetos, y no los cuartetos. Pese a que no dejo de disfrutar el dramatismo narcisista del ultimo verso* de este conocido soneto de Quevedo. Aunque sí coincido con Amado Alonso en que “el punto de partida es el sentimiento de que en el amar ha adquirido el poeta un enriquecimiento definitivo (...) la primera intuición que acude para configurar y expresar el estado sentimental del poeta es la de que, a pesar de la severa ley de la naturaleza, algo indestructible ha adquirido en el amar”*.

A mi modo de ver, Nadar sabe mi llama la agua fría es un verso perfecto, que desde su posición y su ser de pequeña unidad (núcleo) generadora sostiene no sólo el poema en sí, sino también el estilo de la “Weltanschauung” del autor, pero lo hace en ése sentido al que me refiriera en las “Aproximaciones a Lezama Lima, su obra poética claro está”, me refiero a eso de que el poeta o el artista no sólo crea forma, sino que como bien lo escribe A. Alonso “la gran crítica tradicional busca en la Weltanschauung” de un autor su contenido filosófico, religioso, social, moral, etc, la estilística necesita esos conocimientos, pero lo específico de su tratamiento consiste en que ve la visión del mundo de un autor también como una creación poética, como una construcción de base estética”.

El poeta, el creador a través de su obra nos propone pues no sólo una vestidura de valor artístico, propone también su propia cosmovisión, su propia intuición del universo, de su y nuestra verdadera existencia, es decir que está creando en el sentido más completo de lo que significa el verbo crear. Y aquí la palabra intuición adquiere una relevancia que nada tiene que ver con la explicación racional de la misma, mas bien por su autonomía como sistema cognoscitivo poco explorado por el ser humano, aunque debo reconocer que una considerable cantidad de poesía ha intentado acercarse al mundo a través de ella, de la intuición. Sin embargo al querer extraer la materia de valor poético de una obra, que usualmente se hace con sofisticados, y algunas veces modernos, –por no decir contemporáneos- mecanismos racionales, estamos de alguna manera metodizando, racionalizando la intuición, lo que a mi manera de pensar, significa que la estamos ahogando, le estamos cortando las alas. Estamos intentado trasladarle facultades racionales que no le son propias, la razón hegemónica no se conforma con su fracaso a medias (lo califico de a medias porque no creo que haya fracasado al cien por ciento), y quiere ahora apropiarse a como dé lugar de la intuición forzándola a ser parte, degradándola a una herramienta más manipulada por la razón misma. Deberíamos pues utilizar la intuición con sus atributos propios, la problemática radica en que no sabemos a ciencia cierta el comportamiento y digamos las leyes y las inteligencias, si me permiten el abuso racional, que conforman el ser y esencia de la intuición como camino y como posible método (otra vez disculpen la recurrencia racional). Desconocemos los organismos intuitivos y su funcionamiento, y lo más cerca, acaso, que habremos estado es con la poesía. La poesía se ha convertido en el espejo que alguna veces atrapa y retiene y otra veces permite por medio del reflejo liberar en chispas, la imagen de la Intuición, entendida ésta como alma y cuerpo, como fin y como método, como las dos caras de una misma moneda (hay que aprender a ver los objetos en 3D), pero sobre esta temática de la intuición como herramienta y fin profundizaré en otro texto pues hay armonía y dicotomía según los ángulos que se observen.

Y he aquí algo que recurre a mi memoria, y tiene que ver con lingüística. Un atrevido como Karl Roehl describe la lengua de los Chambala, que es una de las del grupo bantú, según nos dice Weinrich*, después de sus años de estudio en África, dedicado a esta lengua, para terminar diciéndonos campantemente que “los chambalas tienen sólo una visión (“la visión más primigenia e ingenua”) no tienen concepto del Tiempo (de la esencia del Tiempo”, la mayúscula del tiempo es de él por supuesto). No es extraño que los Chambala “vivan al día, irreflexivos e inconscientes”.
Desde esta manera nos encontramos con uno de los grandes problemas a inicios del siglo pasado, al momento de describir el sistema temporal de una lengua, sobretodo si es, llameémosle, extraña, ajena a nosotros. Y es que no podemos aplicar la misma medida del tiempo, las mismas reglas de nuestra lengua a otra totalmente distinta. Algo parecido le pasó a Benjamín Whorf cuando se dedicó al estudio de la lengua de los indios hopis (lengua que pertenece a la familia de las lenguas aztecas). Pero Whorf tuvo una mejor actitud a medida que profundizaba su estudio, pues a como señala Weinrich: “cada vez se le iba haciendo más patente que toda su descripción está prejuiciada por conceptos de origen indoeuropeo. A partir de esos conceptos, la lengua de los hopis, parece irregular. Sólo liberándose de ellos surge a la vista la regularidad de la lengua no indoeuropea. Whorf confiesa: Más tarde encontré que era perfectamente regular en relación con su propio modelo” (...) las lenguas hopis interpretan, pues, el mundo de una forma muy distinta. No encajan el mundo en el tiempo ni el espacio, sino en otras dos “formas cósmicas” que Whorf denomina “manifested form” (objective form) y “manifesting form” (también, unmanifest subjective form). Esta es la metafísica de la lengua Hopi contenida en su sistema de las formas verbales” (...) Sin nuestra lengua, obsesionada con sus tiempos, no estaría nuestra civilización tan obsesionada con el Tiempo y sería una civilización totalmente distinta. La prueba se halla en los indios hopis. Su idioma es tal que el Tiempo no representa en él papel alguno; tiene, en cambio categorías que nosotros apenas concebimos (...) los hopis no han creado una civilización de cronómetros ni de máquinas, sino una forma de vida distinta, que sin duda, puede atribuirse pocos logros económicos, pero que quizá refleje el mundo con más autenticidad que una civilización que, al fin y al cabo, del Tiempo hace sólo dinero”, nos dice Weinrich en su análisis que aplaudo con entusiasmo y que traslado a la temática “Intuición- razón”, para reiterar que no podemos forzar, entender o convertir a la Intuición como una pinza más de la razón. La Intuición tiene sus propias leyes, sus propios mecanismos, su propia naturaleza, hay que explorarla sin miedo, dejarla que se desarrolle y aplicarla para acercarnos novedosamente al mundo y a nosotros mismos. He ahí el papel de la mujer como exploradora y desarrolladora, necesitamos pues una versión femenina del mundo, una versión femenina de la razón, de la Intuición, de la poesía, de la literatura, los ojos independientes de la mujer son entonces una ventana a la esperanza.

La poesía en el más estricto sentido formalista y la visión de su autor en ella, no son mas que un foco –particular-, un par de lentes, un método que nos muestra la realidad o la propuesta de realidad y/o verdad según su ubicación, filtro, ángulo o enfoque. Desde el camino de la poesía, desde el sendero que es la poesía, ella misma confabulada con el poeta, nos van conduciendo a una realidad o a una fantasía que a veces reconocemos y a veces no.

El poeta hereda los telescopios (absolutamente nada que ver con el telescopio en la noche oscura de Cardenal) y los cielos particulares de los mismos, pero él en su afán de originalidad construye su propio telescopio y apunta a su propio cielo, y a veces es como si este telescopio fuese el mundo: Método y fin copulan y son uno solo. La poesía misma pues se convierte en el fin. Y en este desdoblamiento de situaciones oscilamos. Y estas serían por el momento mis dudas: ¿ser o no ser? ¿la poesía o la literatura como método o como fin? ¿o como una sola llama? ¿es la poesía auto-telica?

Pero volviendo al verso generador de Quevedo, hay algo poderoso en él. La discreción con que alude a lo que se llevará, que ni aún después de la Muerte, ni aún después de cruzar las aguas de la muerte (haciendo clara alusión a la mitológica laguna de Estigia a como señala A. Alonso) podrá olvidar o abandonar aquello que le es o fue más valioso en vida. Encuentro lo hermoso del verso no en el recuerdo que puede dejar a sus seres amados (por seguir la tradición crítica de este poema y asociarlo al amor humano) sino en la seguridad que transmite a quienes deja en vida, de que jamás podrá olvidarlos, que siempre los tendrá grabados en el corazón de su espíritu, y que donde quiera vaya, y en lo que sea que se convierta, sea existente o no existente, sea carne o sea piedra, o ceniza y polvo a como escribe el poeta, sea lo que sea y sin importar si los destinatarios corresponderán al sentimiento, esa llama que de ellos se lleva y de la que está formada su llama arderá por siempre, desafiando así no sólo las leyes de los vivos, sino a aquellas que desconoce, que supone existen después de la muerte, y aquí nos damos cuenta de que Quevedo preconcibe pues el mas allá también como un mundo jerarquizado y organizado, lo que revela su vinculación cristiana, bueno no todos somos perfectos, y a fin de cuentas, la belleza del verso pone en jaque toda ley, incluyendo pues la cristiana misma en “el más allá”. Lo bello del verso se nos revela no en lo que el actor del verso deja o pueda dejar en la memoria o en el mundo de los vivos, sino en aquello que se lleva, irredento, y a prueba de todo posible olvido, porque el olvido de todo lo vivido sería para él la Mayor de las muertes.
Otra asociación interpretativa es que la llama de su alma siempre estará viva, no se apagará, y al no hacerlo esto derivará en la conservación y exaltación de la memoria, de la historia personal vivida (no deja de tener su gesto narcisista), de ese tiempo que tanto despreciamos y al que constantemente nos sometemos, pero que no en balde aunque lo hemos padecido, también lo hemos gozado. Quiero creer pues que la llama que sabrá cruzar las gélidas y oscuras aguas de la Muerte, es la de placer, la del amor (en cualquiera de sus manifestaciones) sin convenciones, sin tradiciones.
Quevedo pues transgrede las leyes tradicionales del tiempo y el espacio, y sugiere que aunque nos transformemos (se adelanta a la tercera ley de Newton en este sentido) en lo que sea que seremos, si es que seremos, aunque retornemos a ser ese polvo cristianoide, no seremos iguales, nunca el fin se corresponderá con el inicio, nunca regresaremos en términos de igualdad al cero. Después de todo lo vivido, nunca seremos los mismos, ni aún después de la muerte.*


Villa Motastepe, Managua, Junio 27, 2009.


*El ultimo verso dice así: Polvo serán, más polvo enamorado.

*Materia y Forma en Poesía. Amado Alonso, tercera edición. Biblioteca Románica Hispánica. Editorial GREDOS, S. A., Madrid, España. Págs. 91-107. Proporcionado por mi Profesor de Estilística y Poética Textual, Dr. Jorge Shem Cham, UNAN-Managua.

*Estructura y Función de los tiempos en el lenguaje. Harald Weinrich. Págs. 381-396. Proporcionado por mi profesor de gramática, el Lingüista, MSC. Amadeo Albuquerque Lara, UNAN-Managua.

*Marques de Altillo. Rioja. Denominación de origen calificada. Tinto. Granate con reflejos violáceos. Aroma de buena intensidad con notas de ciruela e higos secos. En boca es fresco, frutoso y agradable. A menos de 10 dólares la botella en cualquier supermercado de Managua. Es un vino joven, equivalente a decir que es un excelente joven rockero o poeta joven embotellado. Ya no sería el genio, sino el poeta de la botella.

Tuesday, June 16, 2009

Aproximaciones a Lezama Lima, su poética, claro está.


Por Eunice Alejandra López Sánchez

Pronunciar Lezama Lima es invocar no sólo un estilo particular. Es apenas la punta de un iceberg. Es carga estructural y semántica.
Si bien la poesía se ha visto diversificada en diversas estéticas y escuelas, me quiero detener únicamente en las dos antípodas generales. La primera es aquella poesía, digamos, limpia en donde el poema (objeto) es un cuerpo desnudo, transparente, sencillo. Entre más austeridad y simpleza en la utilización de recursos más se cumple el objetivo de esta vertiente, entre menos accesorios, más pureza. Entre más diáfana la imagen y su contenido, mejor.
La segunda es el extremo. Entre más sofisticación, más complejidad, entre más estado de delirio y recursos estéticos, más eficaz es el poema. El derroche y la superposición neo-barroca no sólo del estilo, si no también de la estructura semántica en el texto son marcas explicitas que definen una cosmovisión estética del mundo poético. A esta marca correspondería la línea literaria de José Lezama Lima, en donde la exquisitez del producto radica en su sofisticación y originalidad.
A raíz de mi acercamiento al poeta con Muerte de Narciso, poemas dispersos y la selección de poemas realizada por Cobo Borda fui descubriendo y comprobando la intensidad y el equilibrio lírico que caracteriza la estética lezamiana. Estamos pues ante una solida unidad conceptual y estilística que identifica y etiqueta la inconfundible pluma de este poeta a lo largo de la construcción de su obra. Y si a esto le agregamos el contexto socio-político las virtudes resaltan aún más en la poesía de Lima. Porque sabemos que la historia de la literatura cubana ha atravesado momentos claves que han pretendido definirla, sin embargo tomando en cuenta el asenso de la revolución castrista en 1959 y el proceso de cambios dirigidos por la ideología del comunismo, nos damos cuenta que las aspiraciones y ejecuciones de Lezama Lima se mantuvieron intactas, lo que da a su obra una particularidad y un valor agregado debido al contexto en que fue escrita. Pero más que la vida y el entorno social del poeta, el objetivo principal del presente ensayo es acercarme a los lineamientos generales, a la base que sustenta la poesía de Lezama Lima.
Nos dice Ramón Xirau en “José Lezama Lima: De la imagen y la semejanza” , que la poética lezamiana empieza por ser “poética de la metáfora y de la imagen. La metáfora entendida como transposición, analogía, metamorfosis.
Es decir que “en el sistema poético del mundo que propone Lezama, el origen y el fin están en una sola palabra: imago, imagen”. Si bien otros poetas como Rubén Darío cimentaron su poesía en la musicalidad (apelando al sentido del oído) en Lezama Lima el alfa y omega radica en la imagen, a como señala Xirau. Y evidencia de esto son sus poemas, pues cada uno se encuentra cargado de un ramillete de imágenes completamente novedosas, auténticas y propias, y lo que es más sorprendente conducidas por un hilo racional casi imperceptible, como si la razón fuese de cristal y estuviera a punto de romperse en cualquier momento. En este sentido para Lezama el proyecto racional, a la manera clásica, es secundario y prima ante todo la estética de una imagen lírica aparentemente irracional.
Otro aspecto a destacar es la cuestión de la apariencia, a este respecto Cintio Vitier (citado por Xirau) afirma que con Lezama “ el poeta busca una imitación verbal de la insondable apariencia”. Y aquí se nos plantea otro cimiento de la poética de Lima, que enlazado con la imago nos lleva a deducir que una de las principales acciones lezamianas consiste en la búsqueda y en la representación de la apariencia metafísica y/o de lo espiritual. Pareciera pues que Vitier le resta un porcentaje de creación al proceso de producción poética lezamiana pues podríamos interpretar que Lezama, el poeta, según Vitier, pretende imitar verbalmente la imagen “insondable”, aquello misterioso e intangible que está más allá de nosotros pero que ya existe, es decir que Vitier establece categorías fijas (prefijadas) de la apariencia, del supuesto “look” del contenido al que Lezama da forma en el poema. Dicho en otras palabras el contenido espiritual ya está ahí desde antes (esto nos plantea muchas dudas pues habría que preguntarse las causas del origen y los sujetos activos de “eso que ya existe” y en definitiva es otro tema), tiene su autonomía e historia propia, Lezama lo busca, lo identifica, lo filtra a través de la forma original que él fabrica, lo imita pues con lenguaje poético y lo (re) presenta. Lo que significa que para Vitier esa “insondable apariencia” es “parecida” a la poesía de Lezama. Pareciera pues que la insondable apariencia es la “apariencia superior” (las comillas son todas mías), lo que nos revelaría más del pensamiento de Vitier que de Lezama propiamente. Lezama, entonces, en la mente de Vitier imita cómo luce o cómo le parece que luce “lo más allá”, más no la cuestión en sí, se trata entonces de la esencia de la apariencia, en donde Lezama sería el destilador, el (trans) formador, el convertidor, el traductor del contenido de la imagen (del contenido de la imagen, no el contenido del contenido) de la apariencia a nuestro y/o a su mundo poético. Lezama pues produce y crea forma, no temática. Aunque yo prefiero inclinarme a creer que la estructura semántica en Lezama es también una propuesta legítima y original de cómo él percibe “lo más allá”, es decir que más que verdad, es, digamos, ficción fabricada también por Lezama. Lezama no es entonces un simple traductor, un simple imitador verbal de “superficialidades espirituales” (las comillas también son mías) aunque no haya sido precisamente ésta la intención (consciente) crítica de Vitier, de plantear o sugerir lo antes dicho.
Lezama por su lado llegó a decir que “el poeta anda en busca del eterno reverso enigmático tanto de lo oscuro o lejano como de lo claro o cercano”. Y apunta Xirau que “habría que añadir, con todo, que “la insondable” apariencia” y el “reverso enigmático” son expresiones metafóricas para referirse y referirnos a lo que de verdad le importa a Lezama Lima: para referirse a Dios”.
Saúl Yurkievich lo plantea así: “ Sus personales mezclas transculturales, transhistóricas actúan como transporte extrañador y sublimante. Si algún conocimiento proponen es el fantasmal de lo fantástico o de la maravilla esotérica”.
La poesía sería pues –una especie de- religión, y así lo señala Julio Ortega en “Lezama y la biblioteca de Cemi”: (…) “esa necesidad unitaria se cumple en Lezama por lo menos a partir de dos fuentes proyectivas. La primera hunde sus raíces en nuestra tradición más característica: el pensamiento cristiano; la segunda, en la tradición órfica: la fe en la poesía como camino de revelación. Ambas fuentes se unen en su obra, porque se equivalen: la experiencia poética es una forma equivalente a la experiencia religiosa”.
A su vez, Guillermo Sucre en Lezama Lima: El logos de la imaginación, afirma que: “ejercer toda autonomía verbal dentro de un verdadero sistema poético del mundo: esto es lo que intenta hacer Lezama Lima. La poesía como lo real absoluto y la filosofía como operación absoluta (Novalis). Mas radical aun: solo este sistema podría reemplazar a la religión”.
¿Se trataría entonces del conocimiento, búsqueda y representación de la apariencia (poética) de Dios? ¿De la búsqueda incesante de la imagen de la forma divina? ¿Serían estos los verdaderos propósitos lezamianos? Dejo las preguntas al aire para ahondarlas en otra ocasión.
Lezama Lima, su obra en todo caso, pretende alejarse de los filtros de la razón hegemónica, y en otro ámbito, del paisaje o realidad en estado puro. Para Lezama no hay poesía sin transformación o alteración de la realidad, sea esta poética u de otra índole. Y lo que es todavía más interesante, cada creación tiene sus propias leyes, lo que nos conduce a emparentar a Lezama Lima con el estructuralismo europeo. Yurkievich escribe: “Abolida toda censura racional y realista, la imaginación sin ataduras se libra al imperio de su propio dinamismo”.
Una vez apartada la razón, entramos al placer y sus principios. O mejor dicho al principio del placer en la poética lezamiana. Al respecto anota Yurkievich: “Es esta una poesía empedernidamente hedónica. De inmediato se propone como objeto estético, halagador, sensual, suntuario. Deleite ocioso, desinteresado gozo, (…) Posibilita el contacto con otra realidad por desacato al orden del realismo utilitario (...) triunfo total del principio de placer sobre el principio de realidad: Lezama Lima se aleja al máximo de la verosimilitud realista (…) abandona cabalmente el ámbito de lo real convenido para instalarse en el imperio de lo fabuloso”. Y por placer, por el sencillo gesto creativo de lo sensual y lo sublime. Lo sensual ubicado en la temática fantasmal pero con forma erótica (subrayo forma, no fondo). La forma en Lezama es placer, es desborde, es derroche, es exceso equilibrado, exquisitez. Su religión poética se integra a una expresión verbal del placer.
La poesía es pues un misterio (un misterio que le y que produce placer) y hay que entregarse a ese misterio “que se revela y se vela”. La poesía en él es pues un camino y el camino también se corresponde o correlaciona con la poesía.
Una vez considerado todo lo anterior, podría establecer que con la poesía de Lezama Lima entramos en un complejo mundo de recreación estética. En su poesía prima la sofisticación de la imagen. La imagen es el medio y al mismo tiempo es el fin. La imagen es el medio que nos conduce a la sofisticación estética. El fin es un instrumento del medio para que el medio brille y protagonice el poema. Ambos brillan en el escenario literario.
En Lezama el espejo de la realidad es “reformado y transformado”. Lo trascendente fluctúa entre los polos, entre la metafísica, el espíritu, la materia y los cuerpos.

To be continued....
o está historia continuará o se editará o se ampliará...pero algo sucederá.

pd: Lezama, lo nuestro apenas empieza. No hallo las horas para decirte "Al fin solos, Leza, querido".

Tu eu.


Bibliografía (just if u need it)

-Ramón Xirau, pag. 99, José Lezama Lima, de la Imagen y la semejanza.
-Saúl Yurkievich, pag. 485. Suma Crítica. De El Eros relacionable o la imagen omnímoda omnívora.
-Julio Ortega, pág.246. Una poética del cambio. Lezama y la Biblioteca de Cemi.
-Guillermo Sucre, pág. 160, La mascara, la transparencia… Lezama Lima: El logos de la imaginación.

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"You made me confess the fears that I have. But I will tell you also what I do not fear. I do not fear to be alone or to be spurned for another or to leave whatever I have to leave. And I am not afraid to make a mistake, even a great mistake, a lifelong mistake and perhaps as long as eternity too"...