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Babelisco



Otro cometa que habían cortado y de sus hebras de luz confeccionado el más cristalino escenario del simulacro. Ultimo y tecnológico en sus discretos afanes. Cuanta pieza se iba bordando, se bordaban, sin ver en el tejido trozos de la piel que no se toca. Cascadas de saliva translúcida llenando huecos de la tierra, creando ríos, mares, lagos. Calentándolos. Dándoles un ápice de principio. De alfabetos que desconocen el acabarse. La cellisca de un verbo inexistente ubicando espeluznantes oraciones en el medio. Porque vos y yo escribimos dioses y diosas con minúsculas. Porque vimos, (nadie nos dijo) sólo vimos.
Aquella noche en que las estrellas se apagaron el cielo cambió sus coordenadas. Y las auroras fueron témpanos, nocturnas en vacuidad. Porque ellas sí pretenden cortar las tijeras del abismo en colores ciegos. El cielo cambió sus coordenadas. El cielo enrejado.
Encontraron un ataviado, se lo apropiaron para gobernar donde no hay gobierno. Los espejos humanos son finas cajas de música. En esta compleja lucha gravitatoria la poesía es tiempo.
Después de leer, al cerrar este libro ya no seremos los mismos. Liberar lo que atrapan las palabras es estar asombrado todo el tiempo.
Beso cuántico, entre vos y yo nos comemos la serpiente. Cada vez que llegas así mi atalaya al centro del negro océano truena y relampaguea. Ordenas a mi voluntad construirte un muelle, un aeropuerto, una estación. Una alfombra mágica y persa. La que quieras. La que prefieras. La más hermosa que hayas visto. Nave, al fin, para continuar la ruta. Porque a eso vine, a construir aeropuertos. No estoy aquí para nombrar los mundos.
El Babelisco es nuestro gran monólogo. Con fatalidad e impotencia: somos poesía dormida.


From Eunice Shade. Another story. 

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