Wednesday, August 12, 2009

Lectura y/o interpretación meta-poética del poema “Ah que tu escapes”, de José Lezama Lima. O una propuesta de lectura en clave intuitiva.




Por Eunice Alejandra López Sánchez


Sin duda el código clave para la lectura de este poema de Lezama Lima es el metafísico, el cual, revestido de un código digamos aparentemente “estético” configuran el acero y acervo intuitivo del poeta/ poema, del padre/ hijo.

Me atrevo a hacer tal aseveración tomando en cuenta lo escrito por el mismo Lezama Lima, y que lo retomo vía Yurkievich: “(...) desconozco totalmente lo que es mucho o poco en materia de expresión (...) el cómo y el cuando escapan de nuestras manos (...) lo que me ha interesado siempre es penetrar en el mundo oscuro que me rodea. No sé si lo he logrado con o sin estilo, pero lo cierto es que uno de los escritores que me son más caros decía que el triunfo del estilo es no tenerlo...No sé si tengo un estilo, el mío es muy despedazado, fragmentario, pero en definitiva procuro trocarlo, ante mis recursos de expresión, en un aguijón procreador”.
Por tal razón me sabría a herejía acércame a Lezama en clave racional, pues de más está sabido que su literatura, en gran parte pretende escapar y/o liberarse de la misma. Pero vamos al poema en cuestión, al cual, trataré de operar desde un ángulo semiótico proporcionado y sugerido por el Dr. Nicasio Urbina. El poema Ah, que tus escapes, pertenece al segundo poemario de Lezama, titulado Enemigo Rumor (1941), es el primer poema correspondiente a la sección denominada Filosofía del clavel (la cual es sintomática en relación al poema).

Disección nuclear del poema

Ah, que tu escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.


Esa presencia, digamos “superior” estuvo ahí. El la tuvo ahí. La sintió aún en la fugacidad de su momento. Esa vieja presencia a la que vamos llamar “Poesía”. La cual tuvo su instante de “acomodamiento formal” perfecto en las manos poéticas de Lezama Lima. El poema pues se nos abre y nos da la llave de entrada revelándonos que es un poema que trata de esa “viajera” incansable que es la Poesía y a la que es difícil retener más de lo que ella permite y concede, para maravilla y asombro de nosotros, y del propio Lezama. Los dos versos, de alguna manera, también nos remiten al “yo persigo una forma que no encuentra su estilo” dariano, es pues, digamos, el mismo problema, sólo que ambos optan por abordarlo (resolverlo?) de maneras distintas. Nos detendremos pues en la manera Lezamiana.


Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.


Poesía, ¿por qué tú no quieres creer las preguntas de “esa estrella recién cortada”?, (las preguntas de la razón) (el fuego robado por Prometeo, digamos), que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga, que va mojando sus puntas en sus “contrarios”, esa razón mojada, generada y generadora de “dialéctica” y así sucesivamente y a la que la Poesía no le cree nada de nada. Lezama la cuestiona suavemente; le cuestiona el no creer las preguntas de ese proceso dialéctico, de esa estrella amenazada y en lucha con su contrario, con su estrella "enemiga".


Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.


Si pudiera ser cierto que a la hora de ese “baño dialéctico”, cuando en esa misma “agua discursiva”, cuando en ese mismo río racional (el discurso hegemónico de la razón) se bañan “el inmóvil paisaje”, las categorías de eternidad, de perduración, las categorías de fijación que promueve la razón, la axiología tradicional, es decir todo aquello que NO se mueve y nos fija, nos sitúa en el tiempo y el espacio.

Luego "los animales más finos” son los más perversos en clave racional. Estos animales están contra la razón, “ya hace rato que se bañaron en ella, por eso están ahora en otro lado”, son animales del paisaje intuitivo, son ágiles, son móviles, volubles, tienen una particular manera de abordar el espacio (pasos breves, evaporados, es decir, no se fijan, porque funcionan y responden a un tiempo particular) por eso desde el inicio de este núcleo: Lezama nos advierte “Ah, si pudiera ser cierto”, que los fijos y los no-fijos se bañen en el mismo “charco”, pero no al mismo tiempo que “el paisaje inmóvil y sus habitantes”, no en el mismo momento, sino con distancias considerables y cabe aquí aquello que Heráclito sentenció: Nadie se baña dos veces en el mismo río, pero todos nos hemos bañado alguna vez por primera, segunda y tercera vez y así y nunca es el mismo río y nunca somos los mismos y no siempre lo hacemos juntos. Hay una vista hacia atrás de parte del poeta.

Estos “animales finos”, sí, a los que Lezama da forma de antílopes y serpientes “parecen entre sueños, sin ansias levantar los más extensos cabellos (develar, aclarar el rostro de algo) y “el agua más recordada”, que conectada con “el agua discursiva” nos sugiere que hubo un momento en que esa agua tuvo su gloria.“El agua más recordada” alude a ese momento primigenio de parto racional, cuando estrenando la razón creímos que todo era posible. Pero la razón al igual que la revolución (nica) se nos fue de las manos y no la pudimos controlar. Interesante aquí escribir un libro titulado “La razón perdida”.

La cuestión es que estos animales finos nos recuerdan, o al menos parecen o pretenden hacernos “recordar”, el momento “primigenio” de incursión racional. Hay pues algo de romanticismo, de añoranza y de nostalgia en el poema. Hay de nuevo una vista atrás.

Una vez expuesto la anterior, me sugiere Nicasio Urbina que estos “animales finos” podrían ser “nuestros y/o los poetas”. Ciertamente sí. Concuerdo con Urbina en que podrían ser los poetas, una especie casi en extinción de ese tipo de poetas. Y el poema en este sentido estaría más próximo y eficazmente vinculado con su tema nuclear que es "la Poesía", y que sintetiza la búsqueda fundamental de Lezama Lima.


Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.


Si en el puro mármol de la muerte, en el puro mármol donde en epitafios atesoramos el recuerdo, porque en mármol le robamos algunas memorias “significativas” a la muerte, si ahí en ese “sepulcro” hubieras dejado “la estatua” que nos podía acompañar...

Significa que el poeta se fue con la Poesía: “nos podía acompañar”, pero el poema se quedó en otro lado que no es precisamente el cementerio en lenguaje denotativo. Y que bien podría ser la memoria del lector. El poema “migró”, diría Umberto Eco, a otro espacio, muy diferente a aquel a donde se fugó Lezama Lima con la Poesía.


Me detendré en la estatua: Ella es lo tallado en vida, lo inmóvil; no obstante dentro de su inmovilidad y su fijeza fue capaz de “retener” algo de la Poesía.

Si asumimos que el poema tiene algo de indestructibilidad no podría equivaler a la estatua, ya que esta última sí se encuentra sujeta a ser destruida. Pareciera que para Lezama el poema tiene mas perdurabilidad que una estatua; no así la Poesía, que es inaprensible, viajera, móvil, fugaz.

Leo nuevamente estos versos y acude a mí la nostalgia o la añoranza de parte de Lezama hacia el poema, hacia el “hijo” del cual inevitablemente se ha “separado”.

Podría querer decirnos Lezama: "Me voy con mi amiga, pero te dejo el poema, te dejo a mi hijo".

La propuesta de interpretación intuitiva que les haría sería más o menos así:

"Poesía, si en el puro mármol de la muerte, hubieras dejado el poema que nos podía acompañar...
Si en la pura muerte lo hubieras dejado".

La segunda parte del cuarto núcleo nos dice:

pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.

En donde se advierte el declive o cierre del momento fugaz, de la epifanía. Pues el viento: lo inaprensible, “lo in-formable”, aquello a lo que no se le puede dar forma y que vaga libremente por el mundo y nos envuelve: la Poesía, graciosa y juguetona, pero también traicionera y poco confiable, se “extiende”, es decir se “deforma” (para formarse) como un gato, nuevamente como “un misterio” para dejarse definir.

El viento es aquí una metáfora de la Poesía. Una especie de misterio poético, digamos, casi “religioso” en el sentido de veneración, de oscuridad, de culto, y que Saúl Yurkievich, Julio Ortega, Guillermo Sucre y Xirau han detectado y analizado en sus ensayos sobre Lezama Lima.

Conclusión

Ah, que tu escapes es pues un poema de nostalgia, de añoranza, es un poema digamos romántico en clave intuitiva. Una intuición que contempla en parte “hacia atrás” con nostalgia. Digamos, “pasado y futuro” enfrentados desde un “presente”. Como cuando los señores, los ancianos, recuerdan aquella infancia, aquella adolescencia, aquella juventud turbulenta y pasional pero fresca en su sabor, que nos hace añorarla. La tríada semántica o los actores del poema son: la Poesía, el Poeta y el Poema.

El poeta que entra en conflicto con la Poesía, a causa del hijo, a causa del Poema. Es, pues, un suave reproche a la madre, a la Poesía por escapar, por no estar ahí siempre a su lado, y que incluso en “el momento de partida”, hay que abandonar al Poema y dejarlo a merced de nosotros en este mundo, huérfano.

Ah que tu escapes, plantea también el conflicto que la madre, "la Poesía", tiene con la razón hegemónica. Ah que tu escapes, es también una vista hacia atrás por parte del Poeta, y que gracias a otros poetas “más finos” él hablante lírico, que es Lezama Lima, ha logrado vislumbrar.
La performancia en este poema (sea consciente o inconsciente) se corresponde con la competencia. Ambas son intensas.

La semiósfera es netamente metafísica y de alto nivel intuitivo, y aunque en ocasiones recurre a imágenes físicas “no coherentes o racionales entre sí, como conjunto”, lo hace únicamente para vestir ese “reverso enigmático” (como le llaman los técnicos) y acercarlo muy sutilmente, muy tímidamente a nosotros. Es decir que la imagen de lo físico es manipulada por lo que está “mas allá”, lo que genera cierta opacidad en el lenguaje, sobre todo si pretendemos acercarnos en clave racional.

El código mayor, o código –“S”, como le llama Umberto Eco, es el metafísico, que alude predominantemente a "la Poesía", la cual podríamos decir está situada, como señalaba anteriormente en un contexto intuitivo, en un contexto “más allá”.


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"You made me confess the fears that I have. But I will tell you also what I do not fear. I do not fear to be alone or to be spurned for another or to leave whatever I have to leave. And I am not afraid to make a mistake, even a great mistake, a lifelong mistake and perhaps as long as eternity too"...