Friday, June 25, 2010

lecturas marxistas


(que nada tienen que ver con "la fe", con lo que creo, con Fidel and co. etc y mucho menos con lo primero que se te ocurrió camote)


"Lo que falta a todos estos señores (los críticos burgueses de Marx), es la dialéctica. Continúan viendo, aquí sólo la causa, allí, sólo el efecto. Es una abstracción vacía, en el mundo real semejantes antagonismos polares metafísicos no existen más que en las crisis, pero todo el gran curso de las cosas se produce bajo la forma de acción y reacción de fuerzas, sin duda muy desiguales, el movimiento económico de las cuales es, con mucho, la fuerza más poderosa, la más inicial, la más decisiva, aquí no hay nada absoluto y todo es relativo, todo esto, qué quieren ustedes, ellos no lo ven; para ellos, Hegel no ha existido".

Engels, Carta a Conrad Schmidt del 27 de octubre de 1890

Thursday, June 24, 2010

El “disidente” (Radical Chic): los burgueses con corazón de masa


Información previa

Hace tres años, Tom Wolf, el periodista norteamericano especializado en “nuevas tendencias”, publicó una larga crónica, Radical Chic, descripción de una velada en el departamento dúplex del compositor y director de orquesta Leonard Bernstein y su esposa Felicia.
Los Bernstein citaron a un grupo de la sociedad neoyorquina para presentarles un grupo Black Panthers que solicitaban ayuda económica (defensa legal de camaradas injustamente acusados de asesinatos, etcétera). El patrocinio de los concurrentes y actitudes similares, como la de quienes apoyaron en fiestas lujosísimas los boicots promulgados por la organización de César Chávez, obtuvieron de Wolfe el calificativo de Radical Chic, el interés político de izquierda considerado como actividad prestigiosa o gesticulación social de la temporada. Entre sacudimientos estructurales, secuestros y compromisos existenciales varía el concepto de elegancia y el viejo tren de la historia debe admitir – la metáfora sigue aunque se estrelle– compartimentos especiales y a la moda.

Información póstuma

¿Hay o puede haber Radical Chic en México? Acúdase a una asamblea estudiantil en famosa universidad particular. Los presentes son –de manera ostensible– hijos de la abundancia, automóvil de lujo, casas de veraneo, porvenir asegurado al veinte por ciento anual, facilidades educativas, poder adquisitivo a la puerta. Han acudido al meeting con inquietudes y ceño preocupado. Ser rico es desgracia que se transforma en responsabilidad, y uno de los métodos para transportar esa responsabilidad dignamente es pronunciándose contra los ricos (no sin compadecerlos en silencio por su desgracia).
No se trata de renunciar a lo ya habido. Eso ya está habido y ni siquiera entra a discusión. Tampoco cuestionarse– aunque se les describa de modo humorístico– los orígenes de la fortuna personal. Uno está por encima de esas insignificancias. Uno, qué diablos, es radical, detesta a la maldita oligarquía y hay que hacer añicos a la explotación, de otro modo cómo heredar sin problemas la fábrica, cómo irse a Europa tres años al doctorado, cómo fijar el nuevo estéreo en la cabaña, cómo adquirir el carro sport, cómo aceptar las conversaciones triviales del fin de semana.
Ella se levanta y manifiesta su deseo vehemente de ir al pueblo, de enseñarle a pensar, hacerle ver el tiempo perdido dejándose enajenar. Ella insiste en la terrible misión: desenajenar a los desposeídos. “Para eso estudiamos. Para que el pueblo nos escuche y se desenajene”. Ella dirige su mensaje a la agitada y combativa asamblea: “Sigamos siendo lo que somos, pero de modo revolucionario: burgueses con corazón de masas”.
Ser radical chic en México es compromiso inmenso. Porque como se vea tal actitud sigue siendo vanguardista. La buena sociedad todavía no acepta a los acelerados. Qué va y recuérdenme que les hable de Puebla y Monterrey. Los de “arriba” continúan tradicionalistas, creyentes en la firmeza ennoblecedora del dinero, enemigos por principio de cualquier concesión a las masas. Aquí no se conoce ni se admite la emoción de ponerse del lado del enemigo (por razones sociales, of course). La oligarquía adulta sigue chapada a la antigua, los valores de la propiedad, la decencia y el honor, los merecidos privilegios, la amenaza roja y dále con el repertorio de peligros de una película de Blue Demon en la Atlántida.
Pero nada de eso afecta a los más intrépidos de la nueva generación. El radical chic a la mexicana no está exasperado por la injusticia. Lo exaspera la falta de sensibilidad social de su ambiente. Para él, las contradicciones que más se agudizan son las del buen gusto. ¿Cómo es que los de su clase no se dan cuenta de lo formidable, de lo excitante de una asamblea que dura ocho oras? Usar lenguaje fuerte, chingada madre, darle validez política a las palabras que hacen sonrojar a sus tías, leer manifiestos, injuriar al Sistema. ¡Qué tremendo, qué cabrón pero en serio! Así debió sentirse Errol Flynn. Esto es lo máximo, jugar a la revolución sin que intervengan ni las consecuencias ni el temor a las consecuencias, entrarle a los cocolazos a horas fijas, padrísimo, qué buena rola, cómo pudieron los de la generación caduca pasarla bien sin sentirse en el merito centro de la impugnación.
Ella está emocionadísima. Nada de las torpes aventurillas del colegio de monjas, ni el sopor de slaloms o fiestas de halloween, ni las diversiones circulares de Acapulco. Lo que hoy sucederá es formidable: va a presentarse en un barrio pobre a concientizar a la gente. Ni más ni menos: qué padre es eso de concientizar, de tirarle la neta a los pobres. ¡Qué falta les hace que se den cuenta de que los explotan! Mira obrero, déjame explicarte la plusvalía. ¡Qué aliviane, qué estrujante es todo! Tocho morocho la ideología. Obrero, tú puedes cambiar tu situación. Organízate obrero, concientízate, politízate, que no te instrumenten, que no te implementen despolitizándote. Tocho morocho la impugnación. Oye nuestro mensaje obrero, ya es tiempo que sepas que la burguesía existe y es bien abusiva. Date por enterado. Tocho morocho la burguesía.
Y ella se emociona más y se promete politizar a sus amigas (a las Menos Enajenadas) porque esta onda aguanta las toneladas. Aunque no se puede con las de su clase. ¿No el otro día y no tan en broma, le comentó una chava que en los volantes invitando a las manifestaciones hacía falta poner el R. S.V.P?
Que nadie demerite al radical chic. Claro que toma en serio su compromiso. ¿Quién es uno para juzgar la sinceridad ajena? Nadie, desde luego, uno nunca es alguien, así se adorne con escepticismos, malevolencias o reticencias sardónicas. Kropotkin fue príncipe y el latifundista señor Madero inició la Revolución y en ninguno de los casos se trataba de cuates jugando a los bonitos equilibrios psicológicos y las emociones fuertes en la índole de “¡Que viene la revolución, que el suelo tiembla bajo nuestros pies, que el viento trae noticias del desastre, que ya llega la tormenta, que somos (ardientemente) los sepultureros de nuestra propia clase!”.
No reduzcamos el problema al terror oportunista de la clase dominante ante lo inevitable del cambio. El radical chic rechaza al Sistema porque a él nadie lo manipula y ya no confía en ninguna de las organizaciones existentes y si expresa su repudio al Enajene usando pantalones vaqueros viejos y un suéter agujereado es su problema. A él le importa otra cosa: hay conciencia o no hay conciencia. Por eso ignora la duda, porque sabe de la miseria y de la humillación. A él le constan la ineptitud y dejadez de los marginados, su incapacidad para dirigirse solos: qué de lecciones no habrá extraído de su conocimiento de la Historia.
Pobre del pobre. ¿Cómo no compadecer a esas mayorías invisibles? Por fortuna, él está allí para defenderlas. Para captar las noticias que a todos se les escapan. Y examinar las estadísticas aterradoras. Y difundir los lemas donde la posición realista demanda lo imposible. Y exhibir su ambición de vivir intensamente sin temerle a las opciones. Concientízate o sácate. El radical chic a la mexicana se concientiza, definitivamente, y hay que educar políticamente a los campesinos y formar brigadas que trabajen en los pueblos…
Y le puede pedir prestada una camioneta a su padre. Es hora de que los campesinos reciban una orientación adecuada. Son tan formidables, tan nobles, con esos rostros de tierra labrada, con esas manos ennoblecidas por los siglos. ¡Qué tipazos! Cómo le gustaría retratarse con ellos. Si son la base. Con que estuvieran un poquito politizados. Con que localizaran a su enemigo de clase. Con que no se les notara tanto la enajenación hasta en el modo de saludar.
Ya está a punto de adquirirla, ya la presiente, ya se acerca numerosa y decidida… Ya viene la conciencia proletaria. El radical chic se prepara para el acto simbólico, el acto purificador. Dentro de unas semanas, dentro de unos días, dentro de unas horas se va a desclasar (¡a desclasar!) y ya va a hacerse cargo de otra mentalidad combativa, vigorosa, proletaria. La cara que van a poner sus compañeros de escuela, las amistades de familia, su tío que es Caballero de Colón, su madrina que es del Opus Dei, su padre que está en el consejo de administración de 32 empresas. La cara que van a poner cuando les diga que están condenados históricamente. Al principio no le van a creer. Luego van a querer transarlo. ¿Por quién me toman? Palabra que no más por prever sus reacciones vale la pena proletarizarse. Se van a poner trabados, lo van acusar de traidor. Pero él ni chicles. Firme. A gusto. Le va a responder a la Línea de Masas, no a unos burgueses de porquería. Y será sensacional cuando en las vacaciones de Vallarta les suelte citas de Lenin a la familia. Les va a salir espuma. Que se epaten y le tengan miedo, que ya no lo vistan sus confusiones: él nunca ha sido como el resto de esos mediocres. El siempre ha sido distinto, mejor, concientizado desde antes de saberlo, concientizado mucho antes que estos pobres borregos proletarios tan manipulables y tan dejados de la mano de Dios.

1973, Carlos Monsiváis.


Les comparto este texto del escritor mexicano Carlos Monsiváis (q.e.p.d). De la sección “La crema de la crema” de su libro “Amor Perdido”.
Otro texto recomendado de “Amor Perdido”: “El Self-Made man: sin ayuda de nadie se hizo a sí mismo”. En realidad todo el libro es recomendadísimo! saludos para todos y todas :)

Tabúes de escritor



Temas hay que deberían ser tabués para el escritor que se respete un poco, sólo un poco. La pureza (formulada o implícita, sinónimo de integridad y rectitud) es uno de esos temas, probable reminiscencia del dogma mariano. En una de sus prestigiadas apariciones, nos lo recuerda el anónimo canto memorizado en la niñez, la Virgen:

habló contra el lujo,
contra el falso amor;
pidió la pureza
que agrada al Señor.


Como respuesta, el refinadísimo azúcar verde y el tosco azúcar rojo, el café molido y el café soluble, la leche pausterizada y la manteca de marca monárquica, el ácido acetilsalicílico y el jabón de bola, reclaman para sí esa virtud de orden moral: la pureza.

Tema-tabú ha de ser también el amor en cualquiera de sus dos vertientes: el Amor Divino y el amor humano. Los importadores de bólidos europeos afirman que éstos se compran no sólo con dinero, sino con amor, lo que demostraría la infinitud del cinismo creador. La metódica invasión que nos viene del Norte recalca un palurdo lema: paz & amor. Y pasan por la televisión un programa (cómicos y trompetistas patilludos expresándose en un deplorable español de acentos asquerosamente USAmericano) que nos vende las excelencias del amor. Alabado sea Dios.

Tocante al amor, amar resulta lo adecuado. Y en silencio, plis. Hasta el Arte de amar (Fromm) es absolutamente inútil si antes no se ha leído el original, el del poeta Ovidio; o al menos la esotérica Función del orgasmo, del impenetrable doctor Reich. En una sociedad de explotadores, bandidos y arribistas, lo esperado y lo noble es hablar de amor. Así se explica la eterna tentación de los intelectuales de querer convertirse en conciencia de la comunidad. Pero lejos de ser una conciencia política radicalizada, se trata de una simple (por no decir insípida) conciencia ética “humanitaria”. Adoptan un tono de sermón laico que viene a resultar aburridísimo, cliché o eco desconsiderado de autores como Huxley o el mismo Fromm. Y si Fromm jamás se compuso, Huxley –en cambio– se descompuso: el Huxley convincente, lo ha visto claro Chaplin en sus memorias, fue el escéptico de linaje volteriano.

El tema de la tradición es otro de los pantanos por los que uno no ha de traficar. Las casas comerciales cuentan con una larga tradición, mensurable en décadas, de intachable honradez. Los programas radiales del Estado, en donde una dama lamentable y enfática quiebra teatralmente la voz, machacan que es preciso conservar la tradición; guitarras y marimbas, para que no lo dudemos, sirven de entusiasmado fondo musical. Las fiestas patronales, aprovechadas por jinete acaudalados para exhibir acicaladas bestias de pura sangre, conservan la tradición. El Partido Conservador, partida de colaboracionistas desde los viejos tiempos de Nezahualcoyolt, también conserva la tradición.
Yo mismo, según sospecho, he caído en el lodazal de la tradición, porque cultivo la obsesiva fantasía de que mi talento individual ha sido alimentado por la tradición oral recibida de los ancianos de la Tribu. Debido a que voluntariamente uno escoge anteojos de caballo cochero para hollar determinado y prefijado camino, no pocas veces tradición es traición.

Publicistas, comerciantes, industriales, pastores de alma, poetas sensibles, bien pueden sucesivamente hablar de pureza, de amor, de tradición. Sabemos que terminarán lanzándonos a la cara, como escupitajo o venablo, la pregunta del millón: ¿Qué es el hombre? Eso, naturalmente, adoptando el grave silabeo de británico asimilado del señor Eliot. A uno le atañe, mientras tanto, no contribuir al desorden general agregando caos al caos.

Julio de 1977

De Malas Notas, les comparto este texto de
Beltrán Morales (1945-1986) escritor nicaragüense.

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"You made me confess the fears that I have. But I will tell you also what I do not fear. I do not fear to be alone or to be spurned for another or to leave whatever I have to leave. And I am not afraid to make a mistake, even a great mistake, a lifelong mistake and perhaps as long as eternity too"...