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efectos del salón constructivista ("los peores" son los míos ;)





Se jugaba en serio con silencios de una camisa que parecía a la medida. En la entrada principal abismos no lineales (sin el exceso activo-progresista de la segunda pasividad auto-generativa de “esta larga época”). En definitiva no. Así entró por la puerta con los zapatos desgastados, así se infiltró cargando dos sombras, dos hilos creados: uno real y otro ficticio. Aires provocados de Stephen en una laptop con textos a medias, con miríadas de adolescentes corriendo de un lado a otro en los pasillos. Aquello sí era olvidar desde los zapatos de mi vieja obrera, el papelero ajeno, el lapicero azul y rojo, el libro de notas. Los estudiantes al frente frescos como un lunes de madrugada y pensar que en escasos momentos de cometas o eclipses el movimiento ligero de un solo dedo podía... luego la corteza marrón, ya tatuada de por vida y hasta la muerte en Altagracia y el Dimitrov, rayada, cicatrizada con mensajes, mentiras, promesas, versos, lamentos, besos a escondidas: no olvides que aquí estoy, porque te parecerá que ya no vivís para vos y nada malo hay en eso. Viejos zapatos de obrera que caminó tanto y feliz por las calles de la vieja Managua, viejos zapatos vueltos mocasines sosteniendo un árbol pequeño que apunta a un horizonte de ceños confusos y limpios, que agitados hojean desordenadamente una novela del boom. Ahí estaban, cada uno mostrando su piel lozana, fatigados de las espirales de tiempo diverso en sus adentros. Aquello sí era olvidar la impresión segunda y hasta tercera de las esquinas castigadas. Fue cuando se levantó para escribir en la pizarra una sola palabra de apertura, anti-subjetividades que poco a poco se extendían en las finas venas de sus hojas, que poco a poco se dibujaban para desdibujarse en un laberinto de voces inquietas. Esto sí era respirar sin cogestión nasal o algo parecido.Y ella siempre estaba, como amuleto innecesario, ahí estaba con todos sus lunares...

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