Sunday, February 13, 2011

highlights from Malcolm Lowry. (parte III)






"—Le dirigió a Hugh una mirada penetrante que hubiera podido implicar cualquier cosa—. Extraña gente. Pero veo que de pronto te interesas en mis libros antiguos... Lástima...Dejé mi Boheme en París.
—Sólo miraba.


Miraba, por Dios, un Tratado del Azufre, escrito por Michall Sandivogius (...) el Sub-Mundanes o los elementos de la Cábala, reimpresión del texto del Abate de Villars, (...) en la cual se afirma que existen sobre la tierra criaturas racionales además de los hombres..."


"—Hitler—prosiguió, cuando salieron a la calle Nicaragua (y también esto habría podido servir para uno de sus reportajes, si tan sólo hubiera mostrado algún interés)— solo deseaba aniquilar a los judíos a fin de obtener tales arcanos"


"Bien podía esta mañana haberse sumido en lo más profundo del pasado, como la infancia o los días que precedieron a la última guerra; el futuro comenzaba a abrirse, el engañoso, estúpido, maldito, pavoroso, futuro guitarrero"


"Nadie hubiera advertido su falta de fe ni hubiera preguntado si sabía adónde iba"...


"Mujeres de estatura mediana, de constitución delgada, divorciadas en su mayoría, apasionadas pero celosas del macho (...) mujeres norteamericanas con aquel caminar más bien grácil y vivaz, de rostros infantiles recién lavados y bronceados, con piel de fina textura y viso satinado (...) de manos delgadas y tostadas que no mecen la cuna, de pie fino, ¿Cuántos siglos de opresión las han producido?"


"Subieron por la calle Nicaragua, siempre entre los raudos arroyos paralelos, pasaron junto a la escuela con lápidas grises y el columpio como horca, junto a altas tapias misteriosas y setos entrelazados con flores carmesí, entre las cuales, gorjeando con estridencia, se mecían pájaros color mermelada".


"¿Quién era consciente de su existencia, por no preguntar qué hitos del cerebro había destruido?"


"Con estruendoso y horrísono estrépito, se abatió un avión por encima de sus cabezas, pasó rozando los atemorizados árboles, se alzó, por poco chocó contra un mirador, y al momento desapareció en dirección a los volcanes, desde los cuales volvió a retumbar el monótono estallido de las balas"...


"—¿Por qué no vamos todos un rato a mi "manicomio"? Sería divertidísimo, ¿No crees Geoffrey... ja ... ja Hugh?".


"siseando en irritables remolinos que se dispersaban como lluvia".


"Y liberando su brazo del de M. Laruelle. Señalaba a la esquina de la izquierda, hacia la parte alta de la colina, en donde la calle Nicaragua se encontraba con la calle Tierra de Fuego".


"Del lado del ebrio mundo que giraba desaforado, precipitándose a la 1:20 de la tarde hacia la Mariposa de Hércules"


"...con la calle Nicaragua que se extendía cuesta abajo a su derecha, se les aparecieron dos ángeles de aspecto colérico".


"...el movimiento era como un gesto de dolor".


"¿En qué piensas, Yvonne, dijo. Con tu mentalidad astronómica... ¿Era posible que fuese él quien le hablabla así, en una ocasión semejante? Desde luego que no; era un sueño. Señalaba la ciudad. Con tu mentalidad astronómica, repitió, aunque no, no lo había dicho. ¿Acaso todo ese girar y precipitarse allá arriba no te recuerda de algún modo los viajes de invisibles planetas, de lunas desconocidas en retrogradación? pero no dijo nada".


"Sí, te amo, me queda todo el amor del mundo por tí, sólo que ese amor parece tan alejado de mí, y también tan extraño, porque es como si casi pudiera oírlo, como un zumbido o un llanto, pero distante, muy distante, y como un triste murmullo perdido que puede ser que se acerque o se aleje, no sabría decirlo".


"Sí te amo. Sólo que... (Nunca podré perdonarte lo bastante, ¿era eso lo que pensaba decir?) y a pesar de todo volvía a pensarlo una y otra vez, y otra vez como si fuera la primera, cuánto había sufrido, sufrido (...) sin duda semejante desolación, semejante sentimiento de abandono desesperado, de desconsuelo, durante este último año sin Yvonne, nunca en su vida lo había conocido (...) pero nunca había sentido (...) este urgente deseo de herir, de irritar, en un momento en que sólo el perdón podía resolverlo todo (...) Era difícil perdonar, difícil, difícil perdonar. Aún más difícil no decir, cuán difícil era, te odio".


"Aterradores dibujos al carboncillo de Orozco, de horror sin par, gruñían desde las paredes".


"Pudo dominar una vez más el íntimo fermento dentro de sí, las borrascas y los remolinos del nerviosismo".


"Vio todo esto y sintió que la atmósfera de la cantina ya lo cercaba con la certidumbre de la tristeza y el mal y asimismo con la certidumbre de otra cosa que se le escapaba.. Aunque lo sabía: era la paz".


"De nuevo paseó la mirada por el dormitorio. Ah, en cuentas habitaciones, sobre cuántos divanes, entre cuántos libros habían hallado ellos su propio amor, su matrimonio, su vida en común (...) era como si se hubiese convertido en el presagio de sí mismo, presagio de que no podía durar, presagio también de una presencia que volvía a encaminar sus pasos a las tabernas"...


"...—Dios, si sólo el sueño del oscuro hechicero en su cueva imaginada, al tiempo que su mano tiembla en final decadencia (ése es el fragmento que me gusta) fuese el verdadero término de este mundo de porquería.."


"Creo que  también Sarah Bernhardt estaba allí, mientras que el poeta permanecía todo el tiempo en la playa y la orquesta hacía sus mayores esfuerzos con la Sacre du Pritemps. Creo que olvidé la niebla".


"Pero después, es otro cantar... En cuanto a la niebla, es el producto más barato de cualquier estudio".


"—Percy Bysshe Shelley— (...) otro tipo con ideas propias.... Entre las anécdotas que se cuentan sobre Shelley mi predilecta es aquella en que se dejó hundir hasta el fondo del mar, llevando consigo, claro está, varios libros, y se quedó allí, antes que reconocer que no sabía nadar".


"En cuanto a los demonios, estaban en su interior así cómo en el exterior; tranquilos por el momento (acaso durmiendo una siesta) seguían no obstante rodeándolo y habitándolo; eran sus dueños. El cónsul miró al sol. Pero había perdido al sol: no era el suyo".


"La voluntad del hombre es irreductible"...


"Pero el abominable impacto que en todo su ser produjo en ese momento el hecho de que aquel repugnante y alargado atado de nervios azules y papada en forma de pepino, bajo el estómago humeante e impúdico, hubiera buscado su goce en el cuerpo de su esposa, lo hizo levantarse tembloroso. Qué repulsiva, que increíblemente repulsiva era la realidad".


"Libros, demasiados libros (...) y no obstante, en ninguno de estos libros encontraba su propio sufrimiento. Ni tampoco enseñaban a contemplar una margarita silvestre".


"—De alcohol. De locura. De la comprensión medular de la giba..."


"para contemplar los volcanes sobre los cuales volvían a flotar nubecillas de humo acompañadas por detonaciones de fusilería ; por una vez  lanzó una mirada apasionada hacia el mirador en donde seguían sus copas intactas—. Reflejos en masa, pero sólo la erección de rifles que diseminan la muerte— dijo, mientras advertía que los ruidos de la feria eran más altos".


"Salió al mirador y se bebió todas las copas que había la vista. Oyó música. De pronto unas trescientas cabezas de ganado, muertas, congeladas en la misma posición que la del ganado vivo, surgieron en la colina frente a la casa y desaparecieron. El cónsul se acabó el contenido de la coctelera y bajó en silencio, recogió un libro exhalando un profundo suspiro. Era La machine infernale de Jean Cocteau. (...) Podríamos tomarnos una copa en la plaza, dijo cerrando el libro y volviéndolo a abrir: sortes shakespeareanae. "Los dioses existen, son el demonio", le informó Baudelaire.



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"You made me confess the fears that I have. But I will tell you also what I do not fear. I do not fear to be alone or to be spurned for another or to leave whatever I have to leave. And I am not afraid to make a mistake, even a great mistake, a lifelong mistake and perhaps as long as eternity too"...