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Chirrín Chirrín Chirrín








Eunice Shade


Salieron desaforados por la puerta con las camisas sudadas y los cuellos amarillos; atravesaron el paraninfo de la U hasta caminar por las calles y sus paradas de buses. El problema era más complejo de lo pensado.  Las vanguardias del siglo XX entraron en crisis lustros atrás y luego el principio de: Todo y nada valen, parecía deshacerse en tiritas mientras se contemplaban absortos porque el profesor les ocultaba algo, pero ellos lo sabían bien; entrar al reverso del arte producía un desencantamiento casi instantáneo.
¿Cómo dialogaba el arte (no diré contemporáneo pues se ha abusado de tal palabra, pero a ese me refiero) con el banco, con la institución en general? Con esas pesadas y sarrosas cadenas, tan, aparentemente difíciles de romper. Caminaron a las bancas públicas de una arboleda y a cada paso las cadenas y los grilletes sonaban fuertes: chirrín, chirrín, chirrín. Ese sonidito imposible de evadir, ese cordoncito que quisieras cortar para aislarte y decir: “solo muá”. El arte se nos figuraba una pregunta mas que una respuesta. O muchas preguntas y muchas tentativas de respuesta. A diferencia de la literatura que tan feliz y a sus anchas parecía lucir y ostentar ese: chirrín, chirrín, chirrín (la mayoría de literatura de estos lares). Claro, pero es palabra escrita, tan tan vieja… (ese es el discurso de algunos artistas para expresar que la literatura se quedó atrasada, a diferencia del arte contemporáneo).

No es mi intención abrir polémica sobre este punto: Que si el arte fue antes de la palabra escrita porque el lenguaje visual y los grabados y las cuevas de Altamira y los fenicios inventaron la idea de alfabeto y el alfabeto es también visual pero las nociones de arte aparecieron después…. o las relaciones propias del arte actual con la Historia, o cómo se relacionaron las vanguardias con la misma (porque eso ya lo sabemos)… y aquellos lenguajes que no son propiamente escritura tal cual la conocemos, porque ese no es el meollo.

Asumamos pues la cuestión y veamos lo que sucede frente a nuestras narices: hoy.

Pareciera que todo se reduce a la pregunta original (gran misterio ulterior, je): ¿Qué es arte, ende, y qué no?
Hagamos un repaso grosso modo. Siglo XX, 1924 mas o menos, y un gran punto suspensivo que va cambiando e incorporando la contextualidad (o no) pero va rodando como bolita-bola-bolón de nieve que se va haciendo gigante hasta llegar a las propuestas finiseculares, entrar al XXI y ya nos volamos una década y avanzamos por la segunda, pero aquí en estos lares: “Todo y nada valen”. Desmitificar era la consigna. Arte era (casi) todo: clavón cuando se excluía a otros de las bienales:

—¡Bueno ideay! ¿No es que arte era (casi) todo?
—No es tan así y nunca lo dijimos; evidentemente hay un criterio, una curaduría.
—¿Quién es el curador y cuáles son sus paradigmas? ¿qué criterio es el que prevalece? ¿el institucional? ¿el del banco? ¿el de la “nueva” tradición y las “nuevas” escuelas? ¿el del artista? ¿el del público? ¿la historia? O….¿cuál?...
—De tus preguntas incómodas.
—Asumiré, asumiremos todos por ser lógico, que prevalece el consenso entre estos sectores… hmmm…. Lo cual me lleva a deducir dos posibilidades: la primera es la más difícil: o sos muy muy  bueno y la segunda que es la más común, fácil, imperante, injusta y corrupta: sos buen político, buen negociante, sos bueno en el cabildeo, me caés bien, tu papá es mi broder.

Ahh. Problemón este, que pone en jaque lo “puramente” subversivo, lo irreverente, “lo” que usted ya sabe. En todo caso, deberíamos pensar que… ¿esa irreverencia era/es también parte del juego mercantil? “Es que el arte ya no es mercancía ahora es información”, dijeron por ahí; pipe pero ambas se venden: ambas se venden. En todo caso es mas acertado decir que el ítem ha pasado "de lo concreto a lo abstracto" pero que finalmente debería tener/ o tiene un precio, es decir, un espacio dentro del mercado. Aclaro que el mercado no es el problema... sino cómo te colocás en él, quién te coloca en el mismo y por qué. 

Me preguntaba pues si…¿el arte es nuestro premio de consuelo a nuestros sueños irrealizables y sólo a través de él se descargan nuestros reclamos al sistema…. que el mismo sistema legitima y vende? Es decir, ¿nuestro reclamo es también un buen negocio? Casi como quien dice, no lo podés realizar, pero lo podés vender. Y no es que tenga algo en contra del vender, me parece necesario como parte de una tradición de intercambio y trueque que nos ha acompañado desde antaño. La cuestión aquí es el engaño de la institución por un lado, de no abrir el juego; y por otro, los prejuicios del artista. Pero esto es cuento viejo y aceptado.

Vamos a lo que me parece ser el centro del asunto: la construcción del (nuevo) canon. Nos dimos cuenta que el caos es muy complejo de manejar (pero es parte irrefutable de la vida). Las bienales se dieron cuenta. Cierta bienal se dio cuenta y ahora uno de los requisitos para participar en la misma es asistir a una serie de talleres formativos; de manera que se jerarquizan las fuentes de formación y/o conocimiento. En otras palabras: se preparan para la construcción y legitimación de un (nuevo) canon contemporáneo. Otra persona afirmó por ahí: “la contemporaneidad diluye los cánones”. Sinceramente, y luego de constatar la pretensión de uniformar el saber por parte de la bienal, del banco…. yo lo dudo, aún y cuando dicha pretensión no se llegara a concretar. Resumámoslo así: Yo te doy el premio, yo te formo (o viceversa). 

No digo que la formación no sea necesaria, digo que no puede estar centralizada en una sola instancia, ya sea institución o persona. Deben rediseñarse los mecanismos de educación. Salir del magíster dixit. Esa anticuada idea de que el profesor (de arte) todo lo sabe… porque es tan contradictorio asistir a un taller (de arte contemporáneo o historia del mismo, o de cualquier tema) donde el discurso es monopolizado por “una sola voz cantante que todo lo sabe”: eso no es cierto y va en contra de los principios elementales del constructivismo. Los alumnos, ya no digamos los artistas, no son máquinas receptoras de información, fechas, movimientos, obras, nombres y eventos. Ellos tienen en sí un conocimiento previo que bajo ningún punto puede ser subestimado con actitudes como: “Esto es lo que tenés que saber y lo que importa, apréndetelo”.  ¿Qué artistas, qué percepciones estamos formando al utilizar la metodología de enseñanza de la más retrógrada, anticuada y ya superada vieja escuela?
Sólo es un señalamiento, que espero, no se tome a mal, pues no pretende más que apostar a la imaginación y la creatividad como ingredientes fundamentales, inclusive hasta en la metodología de enseñanza; la sabiduría o el conocimiento no proviene de un solo y único lugar: por las calles, por las calles caminaron: chirrín, chirrín, chirrín. Confío en que el arte buscará siempre salirse con la suya. 

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