Monday, December 22, 2014

Candela romana



Foto: Denis J. Torres G.




                                                                                                        "And touch the flame where the streets have no name". U2
Eunice Shade


La joven abre el regalo, toma el austero vestido de lino negro y siente su aroma. Su abuela le ha obsequiado el corte básico que combina con todo. Con el se cubrirá esta navidad sin molestos chales de pashmina para avivar el negro, se quedará negro a secas. Managua sabe a frío húmedo y pólvora de triquitracas.

Las señoras con rigor preparan las canastas con los chocolates y las galletas hechas en casa, la jalea de tomate, los recortes donde firmarán: “Para usted con cariño, en navidad”, las envolturas con tela de fibra natural, las tarjetas recicladas de papelarte, los vinos adquiridos en el supermercado de la policía o de los militares, contados con una mano, arropados en bolsitas de saco macén con su mecatito de lazo, que cada año Scarleth confecciona con paciencia admirable para envíos de agradecimiento a los amigos, también contados con una mano.

El rompope, que Claudia llama “ponche crema”, esa olorosa cocción a ron, vainilla, leche y yemas de huevo con que se rellenan las botellas vacías de bebidos licores que hasta hace unos días se pintaron con acrílicos para no olvidar los compromisos corteses con terceros. Scarleth rellena cinco para acompañarlos de una pareja de pastoras naturales en macetas de barro quemado.

Y quedan pocos granos en el reloj de arena, otros 365 días ya viejos, ya sembrados, otros 365 días esperando ser cortados. Porque no todos los Diciembres son iguales en todas las casas. Existen casas lúgubres sin saberse, casas con exceso de brillo y papel celofán que algunas personas utilizan como fachada para aparentar y maquillar la gran deuda al banco, ese desborde de nobles luises franceses, el derroche, la escarcha colorida, el abuso adjetivo de las lentejuelas, lo carísimo equivalente al tamaño de la cuota mensual.

Se extiende el aroma del inmenso el Pío V vecino que otra señora prepara, calentito, con sus manos arrugadas; las pasas y ciruelas que con amor coloca, una por una, sobre el manjar que luego espolvorea con canela molida, mientras Chepito pinta con acuarelas de ingenua felicidad, la carta escondida tras el árbol sintético dirigida a una ilusión de niño dios pidiendo que no se apaguen las velas de los ojos del abuelo. Su hermana corta jazmines del jardín para alfombrar un pedazo terroso de la casa al sonar suave del villancico, tintineante al oído.

La Managua múltiple se despliega y acude a las puertas, se abre al abrazo de un mercado de artesanos y agricultores con olor a tierra mojada. En esta ciudad miniatura Diciembre es hálito de un viento verde.
Managua sonríe en cuarto menguante bajo una lluvia de maíz y arroz. Los trabajadores hacen venados de paja y espigas con lazos rojos. Los semáforos florecen en doble realidades descalzas y nadie huye de las estrellas que corresponden. Quizá, en estas noches las calles de la vida no hieran tanto los pies ebrios del caminante, quizá las heridas se hagan invisibles hasta que las luces se apaguen porque el recibo salió alto y la tempestad vuelva, inevitable, con sus temblores, hasta que regrese la mitad de nuestra sangre muerta y nahuatl con sus reclamos al hada de azúcar: sugar plum fairy en una oscura danza de contradicciones sin antídoto conocido.

Los pañosos vidrios de los centros comerciales de Managua inundados de aliento humano, pañosos de manos cansadas, pañosos de infinitos dedos índices dibujando círculos y corazones. Se escucha el villancico del estómago ulceroso de una ciudad olvidada, ausente en la memoria de una especie humana en constante ascenso y sin ética.

En medio del desfile de almas fracturadas y facturadas se vislumbran callejones abandonados, en cada brindis espumoso, en cada choque de cristales alguien caerá en una esquina sin nombre. Por cada regalo que se abra, un insecto verde llamado Esperanza se ahogará en las sombras. Se prenderá un volcán de luz, cadena de candelas romanas, luna en cuarto menguante.

El Crucero, Managua. Diciembre 23, 2009.


Tuesday, August 12, 2014

Literatura versus Arte Contemporáneo.




Sin duda, la mejor película que he visto este año o "de cuando la literatura vence, gana, desenmascara al arte contemporáneo".  Glorioso momento, capiche?



"Artist: Did you enjoy the performance?

Writer: Parts of it. That violent head-butt explains a lot. Let’s start at the beginning.

Artist: Why not the end? You know, Talia concept love to provoke.

Writer: Don’t bother. There are more important things than provoking me. And this referring to your self in the third person is unbearable. What are you reading?

Artist: I don’t need to read. I live on vibrations, including extrasensory ones.

Writer: Setting the extrasensory aside for a moment what do you mean by vibrations?

Artist: How does one use the crude vulgarity of words to explain the poetry of vibrations?

Writer: Well, try.

Artist: I’m an artist . I don’t need to explain jack shit.

Writer: Then I will write “Lives on vibrations but doesn’t know what they are”.

Artist: I’m starting to dislike this interview. I sense conflict in you.

Writer: Conflict as a vibration?

Artist: As a pain in the ass. Let’s discuss how my mother’s boyfriend abused me.

Writer: No! I want to know what vibrations are.

Artist: They’re my radar for listening in on the world.

Writer: Your radar… meaning?

Artist: You are a pain in the ass. We got off to a bad start. Talia concepts wants to be interviewed by your paper. It has a lot of readers. But you’re biased. Write about how she has sex with her boyfriend 11 times a day. He’s a talented conceptual artist. He covers basketball in confetti. It’s sensational.

Writer: Talia concept is talking about things she doesn’t understand. All I’ve heard so far is unpublishable fluff. If you think I’ll fall for “I´m an artist , I don’t need to explain”, you’re mistaken. Our paper has a very educated readership that won’t be taken for fools. I work for them.

Artist: Then let me talk about my eventful and difficult but necessary journey as an artist.

Writer: Necessary for whom? For heaven’s sake, ma’am what is a vibration?

Artist: I don’t know.

Writer: You don’t know.

Artist: You’re an obsessive jerk! I’ll tell your editor to send me a journalist of greater stature.

Writer: A word of advice: When you speak with her, go easy on the stature business. She’s a dwarf".


Extracto de la película La Grande Bellezza de Paolo Sorrentino. 

Monday, July 21, 2014

Doble línea continua de Eunice Shade



Por Helena Ramos*

Cuando Eunice Shade publicó su primer libro de narrativa corta, El texto perdido (Managua: Editorial Amerrisque, 2007), señalé que ella era la autora nicaragüense que en mayor grado manifestaba la conciencia neomitológica, asumida con una seriedad fervorosa propia de los tiempos de Petersburgo (1913-14) de Andréi Bely (1880-1934) y Ulises (1922) de James Joyce (1882-1941).
Doble línea continua, nuevo libro de Shade, evidencia que ella continúa siendo acreedora de aquella honrosa apreciación.
El neomitologismo no tiene nada que ver con la profusa utilización de los nombres imágenes procedentes de diversas mitologías. Implica la capacidad de hallar, en los escenarios y sucesos actuales, profundas conexiones arquetípicas. En su libro, Eunice Shade transfigura sin hermosear a la Managua contemporánea. Procura suficientes detalles para proveernos el placer intelectual de seguir las pistas, pero no esclarece en demasía, para no disipar el misterio. Un equilibrio perfecto.
Cada una de las 25 piezas narrativas de Doble línea continua ofrece una libérrima sorpresa. En “Nubia” se impone paulatinamente un pulcro ambiente onírico de audaz pesadilla. “Misterios de L. J. Bloomfield” tiene algo de Edgar Allan Poe (1809-1849) y de Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) y mucho de la mitificación de los oscuros espacios de nuestra Managua, en cuyas rincones florecen secretos indescriptibles.
“Lady Marmalade” –según mi opinión, uno de los cuentos más sobresalientes del libro– plasma, sin reducirse a panfleto, la deportiva, predatoria sexualidad que tantos hombres consideran normal e incluso cabal. “Gibberish” ostenta los toques monstruosos pero fecundos del misterio.
“Instrucciones para no morir en la oficina” –sobre cuyo contenido da buena idea el título– aborda un tema ya muy trabajado, pero su singularidad no reside en el argumento sino en el lenguaje –toda una fiesta– y en la precisa, significativa escogencia de cada detalle, característica de la obra de Shade. Cualquier referencia no solo es un indicio, sino una suerte de link que abre una ventana a universos paralelos que engarzan y refuerzan el mensaje de la narración base.
Por ejemplo, en “Instrucciones…” la narradora-protagonista dice como de paso: “A lo lejos se escuchaba el ajetreo sonoro de los veinteañeros buscando un libro sobre Basquiat”. Tal mención remite a Jean-Michel Basquiat (1960-1988), sus grafitis neoexpresionistas y su seudónimo de SAMO. Entonces, una secuencia de las imágenes pintadas por Basquiat pasa a ilustrar e enriquecer la narración, sin entremezclarse con la historia en sí; el mismo proceso se verifica con las demás referencias, tanto en este cuento como en los demás.
“Secretos de cocina” despliega un delicioso costumbrismo picante y excelente capacidad para entrar en el cuerpo y alma de un personaje que nada tiene que ver con la autora y de retratarlo a través de su modo de hablar.
En Doble línea continua la escritora juega meritoriamente con el tiempo, el espacio, la historia patria y las angustias.
“Cerdos volando en las esquinas” es una tragicómica historieta de amor; “Las Nubes”, certero y trágico esbozo de una generación: “Se han cansado de preguntar por qué. Solo quieren existir entre ellos y para ellos. Inventarse problemas mientras el mundo se destruye con fuego. Provocarse estados de ánimo para evadir el futuro certero que los graduará de asesinos asalariados. Fumar, sexo experimental, beber, relajarse un momentito por tanto estrés: no existe la esperanza, no es nuestro problema: rayos inoportunos”. Un topónimo real –Las Nubes– se torna un irónico, amargo símbolo enrevesado.
"Bye, bye Crucero" -un boceto costumbrista hecho en un lenguaje vigoroso y actual- nos recuerda que al redor hay tanto por descubrir y por describir.
“Mi chica Plana con pelos” –una joyita mordaz– escudriña el esnobismo literario y a la vez, manifiesta una oportuna erudición sin regusto a letra muerta.
En “Narcisismus absolutus” aparece la “chica mal” en todo su oscuro esplendor y el temor que ella despierta en un varón común y silvestre, no habituado a recibir de una mujer sendas cucharadas de la pócima sexista que él suele imponer a sus parejas. “Suave y húmedo” se perfila como un juguetito sensual, pero se transmuta en un descubrimiento/deslumbre de verdadera pasión.
El genérico título “Un cuento de Navidad” atavía una historia de horror cotidiano generado por una de las combinaciones más peligrosas que haber puede: el poder del dinero y el de la masculinidad.
“Te respiro, Buenos Aires" aúna la espontaneidad de un diario personal con la vehemencia de una declaración de amor y de compromiso hacia aquella ciudad-símbolo y -sin que ella lo proclamase directamente- con el oficio de escribir.
“El navegante” deviene un irónico-romántico capricho sobre el vigor y la miseria de la Red, refiriendo mediante la ficción la misma advertencia que el ensayo “La sopa más cara del mundo” del otro libro de Shade, Espesura del deseo (Managua: Editorial Zorrillo-PEN-Sociedad de Jóvenes Escritores, Serie Ensayos creativos, 2012).
“Paréntesis orwelliano” es un boceto absurdista; “Foto de grupo”, un cuento psicológico con un toque de misterio y suspenso y un final inesperado y –¡por fortuna!– inusual; “Burbujas”, prosa lírica de purísima factura; “Strange W”, una mirada al abismo al cual usualmente se asoman –con la ligereza propia del oficio– la “crónica roja” y –con la mirada fija en la intriga y el desenlace– las novelas policíacas.
“Cuento Z” –exquisita pesadilla digna de ser descifrada– hace honores al filólogo y folclorista soviético Vladímir Propp (1895-1970), cuya Morfología del cuento (1928) se adelantó en muchas décadas al estructuralismo occidental.
Sucintos y polisémicos, “Ficciones del método” y “Noviembre 10, 2067” plantean indagaciones sobre el sentido y las lindes de lo dizque cotidiano.
“¿Conejillo de Indias?” y “Roxana Robster Ru-Ru: perversa, resentida y arrogante” lucen un sarcasmo de múltiples filos; uno ironiza sobre la mentalidad de la izquierda light de la era informática y el otro parodia las entrevistas periodísticas, género que Shade maneja muy bien debido a su experiencia en los medios y sabe llevar hasta los confines del absurdo.
En este exuberante microcosmos narrativo –a la vez heterogéneo y orgánico– diversos grupos de lectores hallarán retos, gozos y afinidades.

*Escritora y crítica literaria.

Friday, July 18, 2014

Luces de Santa Fe


(VI)


Eunice Shade

“Santa Fe is cooler”, dice Ken cuando le preguntan si el clima es igual al de Albuquerque. Estamos listos para abordar el bus: alumnos, profesores, personal administrativo y amigos. Asistiremos a la Ópera de Santa Fe, considerada una de las mejores del mundo. El trayecto rápido por la cercanía y las condiciones de la carretera se diluyen en conversaciones y esbozos de rostros ansiosos por La Traviata: la historia de una muchacha extraviada, Violetta, cuya alma encarna pasión, alegría y entrega al amor, sin importar la dirección a que tales peligros (desmedidos) puedan conducirla. Es la versión musicalizada de Giuseppe Verdi de la Margarita Gautier de Dumas. Y la de Rubén Darío con otra de sus tantas musas: “Tus labios escarlatas de púrpura maldita/ sorbían el champaña del fino baccarat”. Es el ojo de Laurent Pelly. Y es tan fino el espacio, que no podríamos costear las entradas a la premier, pero sí a uno de sus ensayos previos, dirigidos especialmente a la comunidad estudiantil.

Bajamos; nos ubicamos en un área de recreación para pic-nic. Convivimos, conocemos gente nueva e intercambiamos palabras, comida, gestos de amabilidad frente al desierto frío, su arena y sus arbustos y un grado de luz casi prístino.

Deflectores blancos que parecen veleros rectangulares forman una vereda al entrar al anfiteatro. El diseño arquitectónico del grupo James Stewart Polshek se considera una joya de New Mexico. Esta casa del arte ha obtenido premios y distinciones no solo por su compañía, también por su arquitectura. Estoy al aire libre y en medio de 2,300 asientos vacíos; cruzando el edificio, sintiéndome diminuta frente al soberbio mezanine, y a mi izquierda el escenario principal, y detrás del mismo, la fina línea del horizonte donde el sol desfilará su descenso y la luna su brillo, mientras los protagonistas darán vida a personajes románticos que terminarán por caer a tierra cuando la presencia de la muerte arrebate el último respiro de Violetta.

La terraza nombrada en homenaje a Igor Stravinsky exhibe su busto y una placa de reconocimiento, por su contribución al desarrollo del lugar, que ha sufrido transformaciones y remodelaciones desde 1957. Familias, niños, adolescentes y adultos pululan como pulgas esparcidas con sus cámaras y teléfonos. Me siento junto a Tadashi, un estudiante japonés y juego con la pantalla que se me ofrece para leer la obra en los idiomas que guste. Selecciono inglés y español. Leo los labios de los actores y actrices y siento suavemente el acento angloparlante cantando en italiano.

La coreografía, el vestuario, la música, la decoración cubista. La entrada de un puño de hombres en traje negro y sombreros de copa. Los vestidos vaporosos y apastelados de las actrices, excepto por el de Violeta, que en la apertura es rojo estridente y opaca a la compañía. La conducción de Leo Hussain pellizca mi corazón. La pregunta clásica e inevitable asoma sus puntas en mi cabeza: ¿Es este arte solo para élites? ¿Por qué?

En el Intermedio el cielo se ha tornado azul-celeste. Tomo fresco en los balcones cuando Tadashi me toma una foto de recuerdo. Pienso en la cantidad de artistas que trabajan con la luz, que seducidos por el particular tono que la combinación de un desierto y su viento ofrecen, deciden regresar a robar una chispa de la belleza reservada para estas tierras: fotógrafos, pintores… la O’Keeffe registrando punto por punto el choque, las variaciones cromáticas de pequeñas partículas luminiscentes.

Las voces de Brenda Rae y Michael Fabiano han tomado la apariencia de los enredados techos del anfiteatro. La soprano y el tenor, agudos y punzantes, reviven el amor y la muerte cuando se toman de las manos. El lleno fue total confirman los aplausos y las reverencias hacia los artistas. Regreso a la terraza para una última foto. Ya es de noche. Verdi es bueno. Pero me reconozco y encuentro en la complicidad existente entre Stravinsky y el caos. Escucho el fagot.

Sunday, June 08, 2014

La barra de pan





(IV)
Eunice Shade
La ciudad camina dentro de mí. La ciudad te construye. Te moldea y abre un tiempo distinto sobre tu tiempo. Montañas olor a dulce y es cierto: cada persona habla su propia lengua, y sin embargo, la entendemos. Irrepetible el paso a través del sendero de álamos y mi verano, salamandra viva toca las partituras del desierto. Albuquerque ruge Dorado-León. Extremo. Pensé en el hechizo del paisaje árido. ¿Cuál de sus magnetos me poseía? Es estéril, yermo, salares en las esquinas de concreto, piel sequísima, labios arenosos pero ese aroma es también mío. Esa flora y fauna me ocultan y liberan. Las calles de Albuquerque sí tienen nombre. Es de mañanita y el olor de un lunes empieza. Cruzo Las Lomas Rd, justo al lado, The Aquinas Newman Center. En la acera hay una barra de pan de molde, sellada, alguien la olvidó a plena luz.
En Nicaragua las calles no tienen nombre y cuentan que U2 realizó un viaje escondido y de ahí el origen de esa canción. Mi Managua: verde calor. Baho. Vaho. Verde chagüite. Verde palmera. Techos de zinc a 40 grados Celsius.
Susan sonríe diáfana frente a la pizarra acrílica y explica lo fácil que son los adjetivos en inglés. Nos enseña una fórmula: Opinion, Size, Age, Shape, Color, Origin, Material, Purpose; la cantamos y el aula es una celebración, una ceremonia, un rito. Remmy pinta y con él leemos cuentos, muchos cuentos, de Sandra Cisneros, de Raymond Carver, de Hemingway. Jannette nos indica cómo estructurar diversos tipos de ensayo. Con Carolyn leímos más cuentos e historias tomados de la selección de Ruth Spack y que nos hacían comprender la esencia de esta experiencia; entre ellos:The Americanization of Shadrach Cohen de Bruno Lessing y Las Papas de Julio Ortega.
Brandon nos transmite trucos para hacer figuras con globos de colores y conversa con nosotros de los monopolios, de NPR news, y nos enseña cómo tomar apuntes con el método de Cornell; Ben escribe poesía y nos da lecciones de los rhetorical modes para mejorar nuestra escritura y también asegura que Chomsky es general y Foucault individual, y que es mejor saber profundo de un solo tema, y no superficialidades de muchos. La vida es feliz en el aula. Juanita, Ibrahim, Mohamed, Osama, Xiang y yo jugamos a la gramática inglesa con música de fondo. Para nosotros todo es nuevo en ese momento y compartimos las malas palabras de nuestras lenguas y dialectos. Cuando las pronunciamos en árabe y en mandarín fue extraño, como si no sintiésemos la semántica, pero sí el sonido, la fuerza tras el golpe de cada letra.
Mis raíces se ensanchan en el desierto y se mueven y abren otros túneles en mis tierras. Camino de regreso a la Casa Internacional. Han pasado 7 días y la barra de pan continúa intacta en la calle.

Sunday, May 11, 2014

Window Panes



                                                                     
                                                                          (III)

Eunice Shade
Las ventanas turquesa sobresalen sobre la pintura crema de la Casa Internacional. En realidad es particular, pero le llamamos así porque cada cierto tiempo gente nueva entra y sale. Cuando llegué vivían tres mexicanos: Gaby, Leo y Karoll; una africana, Maggy; un hindú, Hari; Camilo de Colombia y Claudio de Brasil. En el backyard había un cuarto aislado del resto donde vivía una española, que nunca conocimos. Camilo fue el primero en irse. Le siguieron Claudio y Hari. Liza, de Paraguay, Tania de Brasil y un boliviano fueron los últimos en llegar mientras estuve. La casa se movía como un barco a merced de las estaciones de distintos hombres y mujeres que aparcaban y se marchaban, dejándome una huella, perdurable de unos; fugaz, de otros; seres humanos, personas, máscaras en las que te ves reflejada, o que te ciegan y tal vez nunca volverás a ver en tu vida. Fuimos una familia de extraños.
Las anaranjadas paredes de nuestra pequeña sala nos incendian el calendario que avanza sin consciencia.
Ellos viven arriba, excepto yo que ocupo el sótano, y según me contaron, antes, lo ocupaba un tico. Centroamérica undergrounded, lo pensé infinidad de veces.
Nuestro landlord se llama Fernando y es cubano. Era más bien nuestro abuelo. Llegaba diario a supervisar que no nos faltara nada. Gaby estudia música y a veces toca la batería o la guitarra; por las tardes, desde mi espacio la escuchaba ensayar.
En los almuerzos la mayoría nos vemos las caras. Cada uno prepara su comida en la amplia cocina blanca. Teníamos 3 refrigeradoras y un gabinete por cabeza para almacenar abarrotes. Una vez Karoll y Leo cocinaron enchiladas mexicanas; son coloridas y distintas a las nicaragüenses. Aprendí la diferencia entre spicy, hot and mild.
Camilo cocinó una arepa colombiana para mí; Maggy me dio a probar de su arroz africano; Liza su pasta marinara y Hari su sazón hindú, al curry. Hari es elegante en cada uno de sus gestos. Por mi parte, cociné una sopa de pescado estilo nicaragüense. Posterior al debut de mi cuchara, hubo ocasiones en que Liza y Hari me pedían que les cocinara.
—   Te vamos a comprar los ingredientes que nos pidas pero tú nos cocinas un platillo nicaragüense.
Cociné varias veces para ellos y le enseñé a Hari cómo hacer pasta vegetariana. Nos sentábamos juntos a la mesa y degustábamos; compartíamos nuestra cultura; quizá algo más: la mezclábamos en inglés.
Mis días libres fueron de Maggy y a veces de Liza, cuando ella podía, porque trabajaba sin parar en la investigación de una vacuna contra el dengue.
Maggy es una negra de Namibia, espigada, hermosa. Si quisiera, podría ser modelo.
En las calles de Albuquerque la quedaban viendo, yo parecía su llavero; le encantaba que le tomara fotos. Le encantaba posar, hacer muecas, reírse. Esa naturalidad con que se acomodaba en un buen escenario y me decía:
—   Take me a picture here!
Y le sonreía a la cámara sin miedo; juguetona y segura de su belleza. Con Maggy abordé varias veces el tren, que en New Mexico llaman Rail Runner (o corre-caminos, en español) para visitar Santa Fe, la capital de la tierra del encanto; el mote turístico de las postales que suelen retratar a este desierto.
Santa Fe es de arena. Con sus casas estilo pueblo, cubos terrosos, adobe y troncos de manera, algunos antiquísimos. Una ciudad carísima vibrante de pintores, artesanos, escritores, artistas. Con suerte puedes ver de lejos a Julia Roberts o Nicolas Cage vacacionando.
En una tarde mesurada fácilmente se van cien dólares por cabeza; y para Santa Fe eso es poco.
Nuestra primera parada fue el museo Georgia O’Keeffe; pequeño en relación a otros, pero completo en mostrar el sobresaliente rostro femenino del arte en New Mexico. La fertilidad creativa de Georgia se revela en sus lienzos. Me prendé de sus flores, en las que veía moverse a un clítoris agresivo y gigante; un tributo honesto al ser mujer; una entrega, una pasión, un amor por nuestro sexo, que ella se encargó de liberar con sus pinceles. Recordé lo que Vila-Matas escribía de ella en su Historia abreviada de la literatura portátil; y luego me encontraba frente a sus cuadros, sus originales, contagiándome de textura y trazos impredecibles.
Me hipnotizaba caminar por las galerías y las alfombras artesanales; evocaba Taos al ver la plaza principal y el gentío y los artesanos. Me adapté a los santafesinos y compré unas botas vintage, comí un sorbete, tomé fotos a los graffitis ilegales y abordé el tren de regreso a Albuquerque.
La tranquilidad de los álamos de Sigma Chi Road aún con las fiestas de las hermandades universitarias, me refresca.

Sunday, March 30, 2014

Rosicler de New Mexico






II

Eunice Shade

Observo desde uno de los extremos del puente, sobre una piedra, viendo a Camilo y Ken cruzar. Sin sospechar que en el futuro seré eso: un puente.

Imagino caer porque estoy hecha de muerte. Intuyo un olvidado sentimiento de infancia. Todo el tiempo mi nueva lengua estuvo aquí. De pequeña sentía la sombra de su presencia hiriéndome. En Gorge Brigde aspiraba la brisa gris de Río Grande mientras revisaba las grietas de mi cuerpo y un extraño flujo me corría por dentro, un campo magnético, una sensación de amor sin amor y la cantidad de aire, el espacio, el río en el centro de la tierra como semilla nuclear atrayéndome. Mis magnetos deseando saltar y besar a la muerte y una mitad mía respiraba la caminata fresca, quizá tocar unos labios, mil veces abrirlos, tocarlos.

Como un piloto en cabina ajusto agujas y mido la temperatura. Cielo despejado y así de acero me elevo y regreso a Albuquerque. La ciudad calla. “There is something about the light in here… artists always come back”, dijo una vez Carolyn. En el aire se escucha la voz de las pequeñas partículas de luz. Hay un secreto en los soles rojizos de este desierto, siempre los mismos, siempre distintos; tintineando como un disco que gira sobre su eje. A las 8:15 PM empezaba el descenso final. La ciudad se embriagaba de un bálsamo que nos hacía olvidar el tiempo.

—Usted no tiene idea de cómo ha sido mi vida después de la muerte de mi padre. Por eso odio fumar.

—¿Fue cáncer?

—No, fue enfisema, algo así, pero es algo que no me gusta y lo desprecio. Estos últimos años han sido una rueda que no para de girar. He pasado dos años en Buenos Aires, dos en Curitiba, dos en Bogotá, cuatro en Puerto Rico, y ahora me ves aquí, bebiendo con vos.

Mi amigo tiene el pelo negro y largo. Trigueño, chaqueta de cuero negro, jeans, tennis. Le gusta caminar sin prisa. Estudia y siente pasión por la biología. Un día hacía fila para comprar una ensalada en Satellite Coffee. Él se acercó y me saludó. Me acompañó y se sentó conmigo.

—¿Ves aquella gente, no voltees ahora, aquella gente detrás de vos?

—Sí.

—Son religiosos… estoy con ellos por dos razones: la primera porque quiero practicar mi inglés; la segunda porque están dando el almuerzo gratis.

Soltamos una carcajada.

—Estás loco. Me deberías invitar un día— le dije.

—Este domingo— me dijo mientras se levantaba y se alejaba para integrarse al grupo de meditación cristiana en la cafetería de la universidad.

Uno va y viene por estas calles, a pie o en el desfile de buses en la parada del Frontier cuando la última ráfaga de un frío primaveral te pincha la punta de la nariz y las yemas de los dedos. Albuquerque florece en edificios y cottonwods. Si tuviera que elegir un color para cerrar los ojos sería el rojo-anaranjado del desierto. Hasta nosotros nos volvemos rojos y cálidos en ese momento.

En lo alto de un edificio escondido escribo y veo a la ciudad anochecer. Latinoamérica se escucha grande cuando solo has vivido en Nicaragua, cuando no te has desdoblado, cuando no te has mezclado con otras tierras y sus gentes; cuando otros acentos y su geografía no te han invadido; Latinoamérica desde aquí se ve tierna, como una luna en cuarto creciente.

Esa noche no dormí y esperé el rosicler. Presencié cómo atravesaba Sandia Mountains, y mi dedo índice delineándolas.

Monday, March 03, 2014

A un año de distancia







(primera entrega)


Eunice Shade


Hoy, 3 de marzo de 2014, cumplo un año de vivir en Estados Unidos. Y en ese tiempo que se confunde entre lo lineal y circular, recuerdo a una muchacha llena de sueños, dibujando con el dedo índice la silueta de las nubes sobre la ventana del avión, entrando por las cristalinas puertas de Atlanta, aterrizando en Albuquerque, Nuevo México, en el impacto del aire del desierto que a mi piel dio alergia. Y la sonrisa rubia de Tatiana en medio del parqueo era una luz cálida que me recibía y me conducía a su hogar. Estuve tres días con ella y su gato mientras aprendía a caminar —como un niño que da sus primeros pasos—, a reconocer las señales de tránsito, la geografía, las reglas de una ciudad con vida y caos propios que me condujeron a Sigma Chi Road; esa letra del alfabeto griego que representaba mi nuevo mundo. A esa calle regresaré después.

La primera noche en casa de Tatiana, escribí a Margaret Randall, porque ella vive en Albuquerque, y meses atrás me había tocado presentarla (leí un texto mío sobre su poesía) en un recital que ella ofreciera en Masaya. Al contarle en aquella ocasión de mi futuro viaje a Nuevo México, me indicó que cuando llegara le escribiera. Me contestó y me invitó, al día siguiente, a un recital que tendría en Chatter Sunday. Tatiana me dio raid. Entré, escuché música clásica en vivo y saludé a Margaret y a Barbara, en un escenario de cortinas negras e iluminación perfecta, con cientos de gentes alrededor.

Registré y escribí esos murmullos en Sigma Chi Road, en mi lugar: un sótano modesto y azulado con una ventana donde no me faltó ni luna, ni sol. Mis compañeros se sorprendían cuando entraban y me hablaban del Feng Shui. Me encanta el Feng Shui, pero visto ese pequeño sótano desde la distancia, comprendí lo feliz que había sido en el. Ustedes ya conocen los dichos de las viejas: “las personas hacen el lugar”.

Me levantaba de madrugada, preparaba una taza de café negro cargado y salía al patio trasero de la pensión a ver las Montañas Sandía y a respirar su aroma bajo el nuevo sol.

Caminaba a mis clases, cruzaba la calle, pasaba por un hermoso estanque de patos, contaba los árboles que rodeaban ese sendero, doblaba a la izquierda y saludaba las inmensas columnas de la biblioteca Zimmerman, subía las escaleras con frases en sus peldaños, observaba las sillas, mesas y sombrillas metálicas de la cafetería, entraba a Mesa Vista Hall. Elegía a diario el ascensor por mi mala costumbre de cargar libros, cuadernos y laptop, como si el mundo se fuese a acabar, pero yo tendría siempre esos libros conmigo, incluso en ese momento. Así iniciaba el sumergirme en las diversas realidades proyectadas por la pizarra blanca. A esa pizarra regresaré después.

Un profesor con su marcador azul, “bright blue”, escribía una palabra que nos llevaba a otra y otra y otra y saltaba en la cabeza de un estudiante y en la mía y volvíamos al punto inicial para concluir.

A tres semanas de mi llegada, un jueves 28 de marzo de 2013, Ken nos llevó, a Camilo y a mí (ambos becarios de Fulbright) a Taos. Una ciudad al norte de Nuevo México, cerquita de Colorado. Conocí la nieve y los árboles Aspen que en español traducen Álamos (de esto último no estoy tan segura, pues he caminado dos veces por la alameda en Santiago de Chile). Ken subía las montañas hacia a Taos Ski Valley y se detuvo cuando los primeros montones de nieve cubrían las orillas del pasto y del río. Yo estaba realmente muy emocionada, como casi todos los latinoamericanos cuando conocen la nieve. Me bajé, la toqué, la olí y hasta hice una bola con ella mientras Camilo me tomaba una foto.

Pero me salté la primera parte, mi memoria no es lineal. Salimos de Albuquerque muy de mañana y conversamos durante el viaje, de Colombia por Camilo y de Nicaragua por mí. Ken hizo paradas en algunos paisajes típicos y lugares históricos, en los arbustos que evocaban al correcaminos y a Bugs Bunny cada vez que se perdía y exclamaba: I knew I shoulda taken that left turn at Albuquerque.

Nos detuvimos en una escuela de Taos Indian Pueblo donde Camilo y yo realizamos presentaciones sobre nuestros países a los estudiantes nativo-americanos. Más tarde, repetimos nuestra charla, ahora en un aula de UNM. En esas aulas, a través de una serie de láminas, con textos y fotos, resumí la historia de mi país. Tuvimos, también, el honor de conocer a Andrea Heckman, quien compartió con nosotros su trabajo en Perú, su pasión por los textiles que se refleja en uno de sus documentales Woven Stories: Andean Textiles and Rituals.

Veo un cielo claro y un par de nubes: recorrimos Taos y sus construcciones como de arena del mar, como de un viejo pueblo que me refrescaba los pulmones y grababa en mí su sabor dulce, dulce como el pastel de chocolate que nos ofreció Teresa Dovalpage al calor de los cuentos sobre sus novelas y sus consejos para escribir.

En mi cabeza crecía un bosque espeso y verde oscuro, y lentamente, con cuidado, araba mis tierras y sembraba raíces de Aspen, Cottonwoods, Ponderosa Pine, Chinese Elms, Pine Pinon y Crabapples, para que las burbujas de oxígeno se multiplicaran y flotaran a nuestro alrededor. En una de esas burbujas, Ken, nos transportó a un vecindario que parecía una película de ciencia ficción: Earthship. Las casas hechas de materiales eco friendly poseían un sistema de agua que funcionaba con la lluvia. Imagínense ahora un muro inmenso construido de botellas de vidrio de diversos colores. Un mundo subterráneo y en armonía con el pulso de la tierra. Fue un fin de semana de grandes descubrimientos para una nicaragüense acostumbrada a un espacio y tiempo diferentes.

Descubrí el miedo a las alturas. El vértigo me sorprendió en Gorge Bridge; el magnetismo del abismo, poderoso e imponente; una extraña fuerza que desde su centro gritaba mi nombre. Sobre ese puente sentí la belleza de la muerte, la libertad de sus movimientos. Quería expandirme y caer con ella, con sus pestañas frías y encrespadas. Sobre ese puente estoy ahora. El vacío contempla mis andamios.

La luz del desierto de Nuevo México me ilumina.


*Foto de Mark Ryan 

*Texto tomado de Casi Literal ©

Sunday, February 02, 2014

El viejo audio de Agustín Fernández Mallo



Eunice Shade
Hace dos o tres años Agustín Fernández Mallo vino a Nicaragua a dar un taller y a promover sus libros con el apoyo de la Cooperación Española. Era una mañana calurosa de Managua y él estaría en uno de los barrios elegantes de la capital. En Managua existen los cyber cafés y algunos estábamos al tanto. Fernández Mallo sonaba en los medios de comunicación y en las redes sociales, en especial por las Nocilla, y también por diversas polémicas en torno a qué es nuevo y qué no es nuevo en literatura (se aplica al arte). Recuerdo esto porque muchos de los íconos literarios nicaragüenses, una vez que logran cierto éxito o acierto literario o artístico, son señalados injustamente de no proponer nada nuevo. Es una tradición negativa o discurso de la frustración que existe en Nicaragua, tanto en artes como en letras (incluso filosofía); baste revisar las secciones culturales de los periódicos entre 2002 y 2004 para darse cuenta de una serie de notas que salieron respecto al tema, cuando una de nuestras grandes artistas empujaba con fuerza su escuela de arte (hoy un éxito), y muchos marchantes que se hacían pasar por periodistas veían en sus nuevas ideas un atentando a su pequeño negocio. Y publicaron un reportaje que no tenía otra intención que descalificar y desprestigiar a la artista y artistas en cuestión. ¿Dónde estaba la cabeza del editor en ese momento? No sabemos. Lo cierto es que tal nota, por X o Y razón, fue posteriormente retirada de internet.
Es como que yo mal intencionadamente me pusiese a revisar los libros de autores y autoras de mi generación página por página y los comparara con sus obvias, y a veces, inconscientes influencias. O con las que yo detectara por mi cuenta y ellos desconocen. Lógicamente algunos se sorprenderían más que yo de las coincidencias, las que encontré y registré, por ejemplo, en mi tesis de Maestría en Filología Hispánica sobre “El actual cuento nicaragüense”, que defendí y aprobé por unanimidad y con una inmensa alegría. Las distinguidas académicas miembros del jurado apreciaron mi investigación y reconocieron mi dedicación: “un trabajo exhaustivo”. Me sugirieron también seguirla puliendo y publicarla, ya veremos. El asunto es que éstas coincidencias o rastreos genealógicos no me sorprenden ni me emocionan, pues ya soy vieja loba de mar de las letras y mis obesiones literarias han cambiado con el tiempo.  ¿Ven cómo la educación es un peligro en las mujeres? Al machismo no le gusta y no le conviene. Realizaba esta mención a la tradición negativa o discurso de la frustración porque la mayoría de jóvenes con pretensiones litero-artísticas pasan más tiempo en los bares; es decir, más tiempo bebiendo que leyendo (al menos eso es lo que postean en sus redes), la ignorancia de la historia en general. Esa es otra de las problemáticas de la educación literaria, ya que las diatribas y pláticas (histriónicas y efectistas) de bares (o internet superficial) se convierten en “escuela”: el viejo o mediano varón o la mujer machista que siente envidia de las escritoras con talento se encargará de transmitir y cultivar la misoginia en estos jóvenes. Porque siempre estará Iblís de titiritero. Al no encontrar respuestas se dedicarán a fabricarlas para justificar y dar sentido a su propia incapacidad. Son los fantasmas o el precio de la buena fortuna, que como bien sabemos, no es azar sino construcción con disciplina y esfuerzo. Eso por un lado; por el otro, y en una escala distinta, es duro para un joven escritor o escritora nicaragüense encontrarse con escritores europeos o norteamericanos. O al menos para mí, pues son dos realidades que chocan. Si bien escribir es considerado oficio de pobre, aquí y en cualquier parte del mundo no será lo mismo hacerlo en Berlín que en Managua. Las posibilidades siempre cuestan pero se amplían en el primer mundo, no es que sea fácil, es que la sobrevivencia es un tanto más sencilla. De ahí que pensé: “bueno, existen escritores del primer mundo y escritores del tercer mundo”. Yo, como nicaragüense, entraba en esta segunda categoría y la situación se me complicaba. Di con McOndo y lo que Fuguet contaba y ojo, no es que me guste, es un caso a estudiar: ser latinoamericano y escribir. Las especativas que se tenían de una identidad configurada como la mía. Como decía al incio, es complicado y extenso y con variables y diversos puntos y desdoblamientos y tendrá que ver también con mis intenciones literarias. Las mías, no las tuyas. Así que Nicaragua latía en mí, no podía evadirla y la llevaba a todas partes. Y aunque me doliera, debía reconocer que un gallego como Fernández Mallo había tenido mejores oportunidades que yo, no digo que no la sudara o la sude, digo que la realidad de su país es distinta; no es que sea mejor, sino distinta. Eso, por supuesto, me molestaba, me incomodaba. Pero no podía cambiarlo. Valoraba mi disciplina autodidacta y a mis maestros. Pero definitivamente, en términos literarios, existen más oportunidades de crecer afuera que en mi país (lo he vivido). Por el monopolio, por el amiguismo que incluye el compadrazgo que deja pasar inadvertidas las asnadas que dicen y escriben escritores machistillas, por las rivalidades, por las intrigas, por la apertura mental, por la madurez del criterio, porque han hecho de la cultura un negocio de ONG en que se beneficia al “bróder o al que me conviene”. Haré un recuento: premios y publicaciones arregladas o negociadas y turnadas, igual que se estila en política, boicot, calumnias, servilismo, la corrupción cultural, la güaca, el bajo-mundillo literario tras bambalinas; lo cual es una tragedia para gente como yo, pues más que el negocio, la política o la promoción cultural, mi interés es la creación literaria. Para dicha mía, tal tragedia ya fue reflexionada y expuesta por un crítico nicaragüense en un ensayo que circula libremente por la red. Y sí, digo crítico, porque si bien es cierto no es un oficio que se ejerza con transparencia, mucho menos que abunde o destaque en mí país, existen cuatro o cinco voces masculinas y femeninas confiables a las cuales leo y consulto cuando la situación lo amerita. Sí hay crítica en Nicaragua, escasa, como los buenos libros y las pepitas de oro, pero la hay.
Caminaba entonces por la “alta” Managua de un 12 de Julio de 2011 y en la parada de bus me encontré a uno de los jóvenes poetas y promotor cultural del entonces emergente “bloque udeliano”. Es la única vez que he hablado con él. Como en el pueblo rara vez suceden cosas, que Fernández Mallo estuviera ahí era todo un acontecimiento para nosotros, y nos gustara o no su propuesta, debíamos ir, al menos para informarnos de viva voz sobre lo que estaba sucediendo literariamente al otro lado del mundo. El joven poeta caminó conmigo al Centro Cultural Español y me compartió unas páginas escritas por Patricio Pron tituladas “La vieja aspiración a la novedad”, en torno a la discutida y polémica “novedad” en la obra de Agustín. Y ahora, en este preciso momento que me encuentro escribiendo estas líneas en Ohio, me recuerdo también lo que sucedió años después con “El hacedor (de Borges), Remake”. No entraré a tales discusiones bizantinas, es pérdida de tiempo. Sólo diré que hay leer mucho y ya con Grecia y su Aristóteles tenía suficiente. Llegamos y la relacionista pública del lugar recordó que años atrás me había desempeñado como reportera cultural de El Nuevo Diario y me ofreció entrevistar al autor. Si bien para ese tiempo ya había cambiado el periodismo por la docencia, no dejaba de escribir mis colaboraciones de vez en cuando para no perder la práctica, le debo mucho a mi experiencia periodística.
Y recibí el taller denominado Exprés: extrarradio y luego tuve 16 minutos con Fernández Mallo. Grabé el audio, lo archivé y lo olvidé pues mis colaboraciones ahora dependían solo de mí; hasta noviembre de 2013, cuando para mi clase de Applied Phonetics se me orientó estudiar un dialecto de la lengua española y ¡zas!… el audio regresó a mí como por arte de magia. En efecto, lo escuché varias veces, lo estudié, lo analicé, lo contrasté y lo titulé: “El Español de Galicia”, una pequeña investigación de 38 páginas. Al escuchar a Mallo escuchaba también mis preguntas y pude sentir cierta amargura en mi tono. Pensé otra vez: soy una escritora nicaragüense; es decir, del Tercer Mundo. ¿Era eso importante? ¿Existía el Tercer Mundo? Ahora se dice “subdesarrollo”. ¿Cómo eso afectaba mi escritura, si es que lo hacía? Sabía que no sería tan importante como escribir bien y leer más, pero me pesaba la historia y la realidad de mi país me perseguía, me persigue. Me duele. Supuse que tal vez Fernández Mallo tendría también un conflicto de gallego-español, o quién sabe. De esos 16 minutos salieron las siguientes opiniones sobre tópicos aleatorios. Que el lector o lectora se encuentre en las palabras que le han sido destinadas, o que tome de ellas lo que necesite.
Eunice Shade (ES): Los procedimientos literarios deben ser… ¿invisibles?
Agustín Fernández Mallo (AFM): Ssh que se vea lo menos posible, invisible es imposible, claro, no, pero que se vea lo menos posible.
ES: ¿Por qué?
AFM: Bueno no, bueno no lo sé.
ES: ¿Sos un soldador de la escritura?
AFM: Sí, a veces sí, pero yo no solo uso la ciencia, son unas soldaduras si quieres, pero son unas soldaduras deformadas, unas soldaduras sacadas de quicio; ¿aquí se dice el término sacar de quicio?
ES: Sí, si existe y se usa a diario. Entonces sería algo así como Capa en Slightly out of focus.
AFM: Ligeramente desenfocado, eso es.
ES: Poesía es todo o está en todo.
AFM: Para mí sí.
ES: Panteísmo.
AFM: Un poco pante… claro, está en todo, pero hay  un “lo matizo”; o sea, está en todo pero no porque esté ahí, sino porque tu ojo lo ve así, o sea, es una cuestión de cómo el ojo percibe, de cómo tu sensibilidad percibe.
ES: El ostranénie.
AFM: Yo creo que el extrañamiento es fundamental para lo que yo hago, el extrañamiento de las cosas normales, de las cosas cotidianas, mirar de una manera extrañada algo que has visto siempre y de repente lo ves de una manera diferente, y eso es lo que a mí me interesa.
ES: ¿Artes visuales?
AFM: Sí, hago vídeos, ayer puse uno. En mi blog hay muchos que he colgado, que he hecho yo. Está también la película del proyecto Nocilla, todo eso lo hice yo, o los que he hecho ahora para El Hacedor (de Borges), Remake.
ES: Remake, piezas que traemos del pasado, como un “corsé”.
AFM: Re-uso y el caso del remake también es transformación de ese “corsé” porque yo transformo esos cuentos.
ES: El concepto de escritor como un diseñador textual.
AFM: Yo más bien diría pues “sampleador”, haces samples, haces unas mezclas, pero hay que matizar que con eso no quiere decir que desdeñes la creación propia, ni muchísimo menos que la evites pero sí que te vales de un sampleado, te vales de otras piezas que ya existen para introducir en tu narrativa.
ES: Una especie de pastiche…
AFM: Una especie de pastiche actualizado, ¿no? Y entonces… hay muchos grados, es que hablar así es muy general y puedes hacerlo mínimamente y que apenas se note, o puedes hacerlo más descaradamente y hacer un pastiche puro, o sea, hay una gradación dependiendo del momento o dependiendo de muchas cosas, ¿no? Ehh, claro, lógicamente… lo que sí es verdad es que estamos reutilizando materiales para mezclarlos, para dar un nuevo sentido a esos materiales y a los tuyos propios.
ES: El Quijote, literatura de segundo grado.
AFM: Hmm, claro, pero Borges me resultaba más emocionante y más cercano que El Quijote, eso por una cuestión práctica, es un libro más pequeño, ¿pero qué pasa? Que en ese libro de Borges también está El Quijote, ¿no? Entonces al final cuando tú estás reelaborando El Hacedor de Borges u otro libro estás también reelaborando asuntos de El Quijote.
ES: Un procedimiento tradicional como el intertexto aplicado a tu búsqueda personal.
AFM: En parte sí, pero no solo hago y no solo he hecho remakes, no solo hago reescrituras, en lasNocilla, como verás, no todo es así. Hay partes que cojo de otros autores, pero otras partes son muy muy personales, ¿no?, que podrían caer y que caen dentro de la narrativa tradicional. Al leer las Nocilla te das cuenta que perfectamente ahí hay una combinación de elementos apropiados y sampleados y hay otras partes en que hay elementos totalmente tradicionales y clásicos, mecanismos clásicos de la literatura también.
ES: ¿Qué es Nocilla? ¿Qué significa Nocilla? ¿Es tuya?
AFM: No, qué va. Originalmente es una crema de cacao que se unta en el pan, como otra que se llama Nutella, a lo mejor aquí la venden, pero yo el título lo puse por una canción de un grupo que se llama Siniestro total, un grupo español que en su primer disco, que era una especie de “post-punk” lo que hacían, tenían una canción que se llamaba “Nocilla, qué merendilla”, y era una canción absurda que se supone que trabajaba un poco el dadaísmo y solamente decía: “Nocilla, qué merendilla”, mamá más, nocilla que merendilla, mama más” y me interesó mucho ese juego absurdo, ese juego y viene de ahí ¿no?
ES: Crisis de las vanguardias.
AFM: Bueno, en cierto modo sí, yo comparto eso, pero porque las vanguardias, ¡hombre!, hoy en día lo que hacemos es utilizarlo todo, utilizamos mano de las vanguardias cuando nos conviene, echamos mano del romanticismo cuando me conviene, todo eso lo mezclamos y entonces eso es lo que conforma al final una postmodernidad ¿no? Lo que para mí diferencia a las vanguardias de lo de hoy, es que las vanguardias tenían un horizonte utópico, era una lectura del mundo utópica, pretendían un cambio del mundo y tal, y hoy día pues esto ya no.
ES: ¿Desde dónde escribís vos?
AFM: Bueno no lo sé, esa pregunta no sé responder, ni siquiera, nunca me la he cuestio… nunca lo he pensado, ¿no? Nunca me la he hecho a mí mismo. ¿Desde dónde escribo? ¡Ni idea! No lo sé.
ES: ¿Es legítimo hacer lectura e interpretación fragmentaria? Zapping.
AFM: Sí e incluso a veces es más interesante. Si no estás empapado por todo el peso teórico, todo el peso tradicional de la tradición de ese párrafo, a veces eres más, tienes cierta inventiva y cierto talento claro, ese párrafo te puede sugerir cosas que antes a nadie le habían sugerido porque estamos sujetos a las cadenas del contexto de ese párrafo, entonces a veces hay cosas que las lees sin haber leído lo que rodea a eso, y ves otra visión y es lo que utilizas.
ES: Bolaño, está muy de moda aquí.
AFM: Bien, bien; Bolaño es un escritor que me interesa. Bueeeeno, para mí es una síntesis interesante de lo que es, lo que ha sido la literatura hispanoamericana y es una evolución de esa literatura, eh de los últimos, eh, ochenta años, es como una persona que recoge muchos testigos y lleva eso hasta un punto que creo que está muy bien hecho.
ES: Polifonía que en tu caso no necesariamente es un personaje, puede ser una pieza, una música.
AFM: Puede ser una pieza o una música.
ES: Juan Manuel de Prada y el ABC, ¿son de tu estilo?
AFM: Bueno, nada, son literaturas muy diferentes pero tampoco hay ningún conflicto; por decirlo así, son cosas tan diferentes que no creo que pueda haber conflicto; él va por un lado, yo voy por otro… con esto yo siempre lo digo, y me gustaría dejarlo claro, que yo soy muy respetuoso con todas las narrativas que hay y a mí me encanta que haya libros totalmente diferentes a los míos y que haya otras narrativas, yo soy de los que cuando entra en una librería y veo mi libro al lado de uno de Juan Manuel de Prada o al lado de uno de Pérez Reverte que no tiene nada que ver con mi literatura, me alegro, pero me alegro porque me parece que es un signo de buena salud de la literatura, muchas tendencias, muchas corrientes que conviven tranquilamente.
FIN
Enero 18, 2014. Athens, Ohio



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