Monday, July 21, 2014

Doble línea continua de Eunice Shade



Por Helena Ramos*

Cuando Eunice Shade publicó su primer libro de narrativa corta, El texto perdido (Managua: Editorial Amerrisque, 2007), señalé que ella era la autora nicaragüense que en mayor grado manifestaba la conciencia neomitológica, asumida con una seriedad fervorosa propia de los tiempos de Petersburgo (1913-14) de Andréi Bely (1880-1934) y Ulises (1922) de James Joyce (1882-1941).
Doble línea continua, nuevo libro de Shade, evidencia que ella continúa siendo acreedora de aquella honrosa apreciación.
El neomitologismo no tiene nada que ver con la profusa utilización de los nombres imágenes procedentes de diversas mitologías. Implica la capacidad de hallar, en los escenarios y sucesos actuales, profundas conexiones arquetípicas. En su libro, Eunice Shade transfigura sin hermosear a la Managua contemporánea. Procura suficientes detalles para proveernos el placer intelectual de seguir las pistas, pero no esclarece en demasía, para no disipar el misterio. Un equilibrio perfecto.
Cada una de las 25 piezas narrativas de Doble línea continua ofrece una libérrima sorpresa. En “Nubia” se impone paulatinamente un pulcro ambiente onírico de audaz pesadilla. “Misterios de L. J. Bloomfield” tiene algo de Edgar Allan Poe (1809-1849) y de Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) y mucho de la mitificación de los oscuros espacios de nuestra Managua, en cuyas rincones florecen secretos indescriptibles.
“Lady Marmalade” –según mi opinión, uno de los cuentos más sobresalientes del libro– plasma, sin reducirse a panfleto, la deportiva, predatoria sexualidad que tantos hombres consideran normal e incluso cabal. “Gibberish” ostenta los toques monstruosos pero fecundos del misterio.
“Instrucciones para no morir en la oficina” –sobre cuyo contenido da buena idea el título– aborda un tema ya muy trabajado, pero su singularidad no reside en el argumento sino en el lenguaje –toda una fiesta– y en la precisa, significativa escogencia de cada detalle, característica de la obra de Shade. Cualquier referencia no solo es un indicio, sino una suerte de link que abre una ventana a universos paralelos que engarzan y refuerzan el mensaje de la narración base.
Por ejemplo, en “Instrucciones…” la narradora-protagonista dice como de paso: “A lo lejos se escuchaba el ajetreo sonoro de los veinteañeros buscando un libro sobre Basquiat”. Tal mención remite a Jean-Michel Basquiat (1960-1988), sus grafitis neoexpresionistas y su seudónimo de SAMO. Entonces, una secuencia de las imágenes pintadas por Basquiat pasa a ilustrar e enriquecer la narración, sin entremezclarse con la historia en sí; el mismo proceso se verifica con las demás referencias, tanto en este cuento como en los demás.
“Secretos de cocina” despliega un delicioso costumbrismo picante y excelente capacidad para entrar en el cuerpo y alma de un personaje que nada tiene que ver con la autora y de retratarlo a través de su modo de hablar.
En Doble línea continua la escritora juega meritoriamente con el tiempo, el espacio, la historia patria y las angustias.
“Cerdos volando en las esquinas” es una tragicómica historieta de amor; “Las Nubes”, certero y trágico esbozo de una generación: “Se han cansado de preguntar por qué. Solo quieren existir entre ellos y para ellos. Inventarse problemas mientras el mundo se destruye con fuego. Provocarse estados de ánimo para evadir el futuro certero que los graduará de asesinos asalariados. Fumar, sexo experimental, beber, relajarse un momentito por tanto estrés: no existe la esperanza, no es nuestro problema: rayos inoportunos”. Un topónimo real –Las Nubes– se torna un irónico, amargo símbolo enrevesado.
"Bye, bye Crucero" -un boceto costumbrista hecho en un lenguaje vigoroso y actual- nos recuerda que al redor hay tanto por descubrir y por describir.
“Mi chica Plana con pelos” –una joyita mordaz– escudriña el esnobismo literario y a la vez, manifiesta una oportuna erudición sin regusto a letra muerta.
En “Narcisismus absolutus” aparece la “chica mal” en todo su oscuro esplendor y el temor que ella despierta en un varón común y silvestre, no habituado a recibir de una mujer sendas cucharadas de la pócima sexista que él suele imponer a sus parejas. “Suave y húmedo” se perfila como un juguetito sensual, pero se transmuta en un descubrimiento/deslumbre de verdadera pasión.
El genérico título “Un cuento de Navidad” atavía una historia de horror cotidiano generado por una de las combinaciones más peligrosas que haber puede: el poder del dinero y el de la masculinidad.
“Te respiro, Buenos Aires" aúna la espontaneidad de un diario personal con la vehemencia de una declaración de amor y de compromiso hacia aquella ciudad-símbolo y -sin que ella lo proclamase directamente- con el oficio de escribir.
“El navegante” deviene un irónico-romántico capricho sobre el vigor y la miseria de la Red, refiriendo mediante la ficción la misma advertencia que el ensayo “La sopa más cara del mundo” del otro libro de Shade, Espesura del deseo (Managua: Editorial Zorrillo-PEN-Sociedad de Jóvenes Escritores, Serie Ensayos creativos, 2012).
“Paréntesis orwelliano” es un boceto absurdista; “Foto de grupo”, un cuento psicológico con un toque de misterio y suspenso y un final inesperado y –¡por fortuna!– inusual; “Burbujas”, prosa lírica de purísima factura; “Strange W”, una mirada al abismo al cual usualmente se asoman –con la ligereza propia del oficio– la “crónica roja” y –con la mirada fija en la intriga y el desenlace– las novelas policíacas.
“Cuento Z” –exquisita pesadilla digna de ser descifrada– hace honores al filólogo y folclorista soviético Vladímir Propp (1895-1970), cuya Morfología del cuento (1928) se adelantó en muchas décadas al estructuralismo occidental.
Sucintos y polisémicos, “Ficciones del método” y “Noviembre 10, 2067” plantean indagaciones sobre el sentido y las lindes de lo dizque cotidiano.
“¿Conejillo de Indias?” y “Roxana Robster Ru-Ru: perversa, resentida y arrogante” lucen un sarcasmo de múltiples filos; uno ironiza sobre la mentalidad de la izquierda light de la era informática y el otro parodia las entrevistas periodísticas, género que Shade maneja muy bien debido a su experiencia en los medios y sabe llevar hasta los confines del absurdo.
En este exuberante microcosmos narrativo –a la vez heterogéneo y orgánico– diversos grupos de lectores hallarán retos, gozos y afinidades.

*Escritora y crítica literaria.

Friday, July 18, 2014

Luces de Santa Fe


(VI)


Eunice Shade

“Santa Fe is cooler”, dice Ken cuando le preguntan si el clima es igual al de Albuquerque. Estamos listos para abordar el bus: alumnos, profesores, personal administrativo y amigos. Asistiremos a la Ópera de Santa Fe, considerada una de las mejores del mundo. El trayecto rápido por la cercanía y las condiciones de la carretera se diluyen en conversaciones y esbozos de rostros ansiosos por La Traviata: la historia de una muchacha extraviada, Violetta, cuya alma encarna pasión, alegría y entrega al amor, sin importar la dirección a que tales peligros (desmedidos) puedan conducirla. Es la versión musicalizada de Giuseppe Verdi de la Margarita Gautier de Dumas. Y la de Rubén Darío con otra de sus tantas musas: “Tus labios escarlatas de púrpura maldita/ sorbían el champaña del fino baccarat”. Es el ojo de Laurent Pelly. Y es tan fino el espacio, que no podríamos costear las entradas a la premier, pero sí a uno de sus ensayos previos, dirigidos especialmente a la comunidad estudiantil.

Bajamos; nos ubicamos en un área de recreación para pic-nic. Convivimos, conocemos gente nueva e intercambiamos palabras, comida, gestos de amabilidad frente al desierto frío, su arena y sus arbustos y un grado de luz casi prístino.

Deflectores blancos que parecen veleros rectangulares forman una vereda al entrar al anfiteatro. El diseño arquitectónico del grupo James Stewart Polshek se considera una joya de New Mexico. Esta casa del arte ha obtenido premios y distinciones no solo por su compañía, también por su arquitectura. Estoy al aire libre y en medio de 2,300 asientos vacíos; cruzando el edificio, sintiéndome diminuta frente al soberbio mezanine, y a mi izquierda el escenario principal, y detrás del mismo, la fina línea del horizonte donde el sol desfilará su descenso y la luna su brillo, mientras los protagonistas darán vida a personajes románticos que terminarán por caer a tierra cuando la presencia de la muerte arrebate el último respiro de Violetta.

La terraza nombrada en homenaje a Igor Stravinsky exhibe su busto y una placa de reconocimiento, por su contribución al desarrollo del lugar, que ha sufrido transformaciones y remodelaciones desde 1957. Familias, niños, adolescentes y adultos pululan como pulgas esparcidas con sus cámaras y teléfonos. Me siento junto a Tadashi, un estudiante japonés y juego con la pantalla que se me ofrece para leer la obra en los idiomas que guste. Selecciono inglés y español. Leo los labios de los actores y actrices y siento suavemente el acento angloparlante cantando en italiano.

La coreografía, el vestuario, la música, la decoración cubista. La entrada de un puño de hombres en traje negro y sombreros de copa. Los vestidos vaporosos y apastelados de las actrices, excepto por el de Violeta, que en la apertura es rojo estridente y opaca a la compañía. La conducción de Leo Hussain pellizca mi corazón. La pregunta clásica e inevitable asoma sus puntas en mi cabeza: ¿Es este arte solo para élites? ¿Por qué?

En el Intermedio el cielo se ha tornado azul-celeste. Tomo fresco en los balcones cuando Tadashi me toma una foto de recuerdo. Pienso en la cantidad de artistas que trabajan con la luz, que seducidos por el particular tono que la combinación de un desierto y su viento ofrecen, deciden regresar a robar una chispa de la belleza reservada para estas tierras: fotógrafos, pintores… la O’Keeffe registrando punto por punto el choque, las variaciones cromáticas de pequeñas partículas luminiscentes.

Las voces de Brenda Rae y Michael Fabiano han tomado la apariencia de los enredados techos del anfiteatro. La soprano y el tenor, agudos y punzantes, reviven el amor y la muerte cuando se toman de las manos. El lleno fue total confirman los aplausos y las reverencias hacia los artistas. Regreso a la terraza para una última foto. Ya es de noche. Verdi es bueno. Pero me reconozco y encuentro en la complicidad existente entre Stravinsky y el caos. Escucho el fagot.

About Me

My photo
"You made me confess the fears that I have. But I will tell you also what I do not fear. I do not fear to be alone or to be spurned for another or to leave whatever I have to leave. And I am not afraid to make a mistake, even a great mistake, a lifelong mistake and perhaps as long as eternity too"...