Monday, December 22, 2014

Candela romana



Foto: Denis J. Torres G.




                                                                                                        "And touch the flame where the streets have no name". U2
Eunice Shade


La joven abre el regalo, toma el austero vestido de lino negro y siente su aroma. Su abuela le ha obsequiado el corte básico que combina con todo. Con el se cubrirá esta navidad sin molestos chales de pashmina para avivar el negro, se quedará negro a secas. Managua sabe a frío húmedo y pólvora de triquitracas.

Las señoras con rigor preparan las canastas con los chocolates y las galletas hechas en casa, la jalea de tomate, los recortes donde firmarán: “Para usted con cariño, en navidad”, las envolturas con tela de fibra natural, las tarjetas recicladas de papelarte, los vinos adquiridos en el supermercado de la policía o de los militares, contados con una mano, arropados en bolsitas de saco macén con su mecatito de lazo, que cada año Scarleth confecciona con paciencia admirable para envíos de agradecimiento a los amigos, también contados con una mano.

El rompope, que Claudia llama “ponche crema”, esa olorosa cocción a ron, vainilla, leche y yemas de huevo con que se rellenan las botellas vacías de bebidos licores que hasta hace unos días se pintaron con acrílicos para no olvidar los compromisos corteses con terceros. Scarleth rellena cinco para acompañarlos de una pareja de pastoras naturales en macetas de barro quemado.

Y quedan pocos granos en el reloj de arena, otros 365 días ya viejos, ya sembrados, otros 365 días esperando ser cortados. Porque no todos los Diciembres son iguales en todas las casas. Existen casas lúgubres sin saberse, casas con exceso de brillo y papel celofán que algunas personas utilizan como fachada para aparentar y maquillar la gran deuda al banco, ese desborde de nobles luises franceses, el derroche, la escarcha colorida, el abuso adjetivo de las lentejuelas, lo carísimo equivalente al tamaño de la cuota mensual.

Se extiende el aroma del inmenso el Pío V vecino que otra señora prepara, calentito, con sus manos arrugadas; las pasas y ciruelas que con amor coloca, una por una, sobre el manjar que luego espolvorea con canela molida, mientras Chepito pinta con acuarelas de ingenua felicidad, la carta escondida tras el árbol sintético dirigida a una ilusión de niño dios pidiendo que no se apaguen las velas de los ojos del abuelo. Su hermana corta jazmines del jardín para alfombrar un pedazo terroso de la casa al sonar suave del villancico, tintineante al oído.

La Managua múltiple se despliega y acude a las puertas, se abre al abrazo de un mercado de artesanos y agricultores con olor a tierra mojada. En esta ciudad miniatura Diciembre es hálito de un viento verde.
Managua sonríe en cuarto menguante bajo una lluvia de maíz y arroz. Los trabajadores hacen venados de paja y espigas con lazos rojos. Los semáforos florecen en doble realidades descalzas y nadie huye de las estrellas que corresponden. Quizá, en estas noches las calles de la vida no hieran tanto los pies ebrios del caminante, quizá las heridas se hagan invisibles hasta que las luces se apaguen porque el recibo salió alto y la tempestad vuelva, inevitable, con sus temblores, hasta que regrese la mitad de nuestra sangre muerta y nahuatl con sus reclamos al hada de azúcar: sugar plum fairy en una oscura danza de contradicciones sin antídoto conocido.

Los pañosos vidrios de los centros comerciales de Managua inundados de aliento humano, pañosos de manos cansadas, pañosos de infinitos dedos índices dibujando círculos y corazones. Se escucha el villancico del estómago ulceroso de una ciudad olvidada, ausente en la memoria de una especie humana en constante ascenso y sin ética.

En medio del desfile de almas fracturadas y facturadas se vislumbran callejones abandonados, en cada brindis espumoso, en cada choque de cristales alguien caerá en una esquina sin nombre. Por cada regalo que se abra, un insecto verde llamado Esperanza se ahogará en las sombras. Se prenderá un volcán de luz, cadena de candelas romanas, luna en cuarto menguante.

El Crucero, Managua. Diciembre 23, 2009.


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