Friday, August 25, 2017

Para Ulises, en tu nuevo cielo

                                                   

Eunice Shade

Era un muchacho tímido en aquellos días de debates a principios de la década 2000 en Managua, cuando se me acercó y me pidió mi teléfono y dirección para llegar a verme a mi apartamento en Reparto San Juan porque quería que lo preparara para un concurso de debate, que le enseñara cómo argumentar, cómo dirigirse a las personas, cómo disentir con humor. Lo recibí en mi apartamento y muy disciplinadamente hizo cada uno de los ejercicios que le indiqué. Estaba muy entusiasmado. No supe de él, sino días después, me comentó que le había ido mal en el concurso, pero que había gozado en grande. Añadió que estaba interesado en las letras y muy cortésmente lo invité a las reuniones de grupo de Literatosis, donde encontró sus afinidades y no tardó en hacerse íntimo amigo de Francisco Ruiz Udiel, quien al inicio estaba reticente a integrarlo en el grupo; ironía de la vida porque después serían inseparables compañeros de la cultura: uña y carne.  Ambos tomarían sus caminos, la literatura los llevaría a la ideología y se convertirían en notables promotores culturales desde el regazo y la bendición de los escritores más vendidos y reconocidos de la plataforma revolucionaria de Nicaragua. Poco antes de emprender su sendero cultural con Ruiz Udiel, estaba por terminar en la Universidad Americana y le comenté a Ulises mi deseo de hacer un viaje simbólico de culminación de una etapa; le dije que tomáramos un bus y nos fuéramos de gira por Centroamérica, que fuéramos a Tikal y gentilmente se sumó a mi iniciativa. Fuimos a la casa del Poeta William Grigsby Vergara a invitarlo a que nos acompañara a El Salvador y a Guatemala. La meta era llegar a Tikal y ver las pirámides de los Mayas, pero este no pudo. Así que nos fuimos solos. Pasamos por casa de sus padres en San Antonio. Ellos estaban muy felices. Su papá le prestó un suéter de lana para el frío. Nos dijo que lo había usado en un viaje a Alemania. Nos reiríamos del suéter al llegar a Petén por el grado insoportable de calor; por fregarlo yo le decía: “Ponete el suéter que hace frío”.
Recuerdo cómo su mama le ayudó a empacar la mochila y la emoción con que partimos hacia los buses en Bolonia. Pasamos una noche en San Salvador hospedados donde el poeta William Alfaro. Luego partimos hacia la capital guatemalteca, sin saber, fuimos a parar a la zona más peligrosa de la ciudad, rentamos una habitación donde vimos por primera vez una cucaracha guatemalteca, y otra vez nos reímos por la inconsciencia de encontrarnos en una zona delincuencial, y nosotros como si nada. Lo importante era tomar el bus hacia Tikal. Al medio día estábamos cada uno en su asiento, boleto en mano y listos para partir hacia Santa Helena. Doce horas de viaje por tierra en un ruteado se nos hicieron eternas. Jugamos durante el viaje con una niña de nombre Castalia. Vimos las casa-barquitos de Río Dulce y dijimos que algún día iríamos ahí. Al llegar a Santa Helena nos aturdió lo turbio de una alta temperatura. Comprendimos por qué los indígenas andaban en taparrabo; quiero decir que lo habíamos estudiado en los libros de historia, pero que no es lo mismo vivirlo, experimentar el clima, la flora, las plantaciones, el lago.
Vimos unos puestos de comida y bebida popular, Ulises quedó encantado con una bebida llamada Grapete. Se bebió muchas heladas. Sentimos la tranquilidad de las aguas del Petén Itzá, su vapor calentando el pueblo y los turistas que circulaban como quien anda en la playa, mientras nosotros de tenis, blue jeans y camisetas, cargando el suéter de lana del papá de Ulises. Buscamos un hotel barato, pues como dos estudiantes, no contábamos con mucho presupuesto. El hotel era horrible. El cuarto era una caja de madera con una única abertura que se cerraba con un candado, y que el hotelero llamaba “ventana”. Luego, los caminantes de la zona nos dijeron que el hotelucho era el típico de “los mojados” que se escondían para cruzar ilegales la frontera hacia Estados Unidos. Como se notaba lo peligroso del lugar, acordamos hacer turnos para cuidar la “ventana” que era el único medio por donde entraba el aire. Yo dormí la primera parte de la noche, él la segunda. Al amanecer, muy temprano nos dispusimos a tomar, por fin, el último bus a Tikal; íbamos felices, ansiosos de descubrir el brillo de los Mayas. Al llegar, almorzamos en una cafetería y cada uno bebió un litro de cerveza Gallo. Les aclaro que para nosotros beber un litro era todo un acontecimiento, pues en aquella época todavía no habían cervezas de litro en Nicaragua.
Vimos el pasto verde y no sabíamos por donde empezar, así que decidimos enrolarnos en un tour con una pareja de italianos. Empezamos por unos plantíos extraños, el edecán nos explicó que esa planta la mascaban los Mayas para aguantar dolor, para descansar. Recorrimos templo por templo, pero nada nos impresionó tanto como el Templo del Jaguar, por la altura y el tallado de la piedra. Y nada nos avivó tanto la imaginación como el Templo IV, el de la Serpiente Bicéfala donde George Lucas filmó fragmentos del Episodio IV de Star Wars...
Hoy, que leo la noticia de su muerte, no puedo evitar sentir tristeza y miedo y vuelvo a la pregunta elemental: qué significa escribir; cómo esta pregunta nos ronda y cambia de respuesta con el tiempo, qué ha representado la escritura, no solo para nosotros, si no para todos los que se reunieron en torno a ese punto de encuentro que fue Literatosis. Y tal como lo escribí años atrás, conmemorando la muerte de Fran con una serpiente de uróboros, siento esa región donde la libertad creadora, la ficción se mezcla con la realidad. Me pregunto con temor si Dios perdona la libertad creadora del artista. Me pregunto qué piensa de la obra de John Milton y de Lord Byron. Si acaso, la poderosa Rosa Mística intercede por nosotros y nos perdona la rebeldía de una controversial y cabalística revista número 9. Si acaso tendría piedad de la manada de negros potrillos salvajes que en su brioso trotar no prestaron su lomo a nadie. Esa edad en que el mundo se ve transformable, en que se levanta la espada y el horizonte nos parece una futura conquista. Ahí decido tomar la foto, capturar ese instante de juventud fiera e indómita de Fran y Ulises. Fran y Ulises, son ahora dos estrellas, dos ojos luminosos que han abierto sus párpados en el firmamento.

Agosto 25, 2017, Pittsburgh, Pensilvania.











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4 comments:

Andira Watson said...

Gracias Eunice por compartir esta anécdota​ llena de camaradería y cariño.

Francisco Cedeño L. said...

Lindas palabras! Me hiciste sentir parte de esa complicidad!

gALERÌA tEMPORAL said...

Relato como sonido envolvente.

Nicaraguan Translators said...

Muy buene semblanza.

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"You made me confess the fears that I have. But I will tell you also what I do not fear. I do not fear to be alone or to be spurned for another or to leave whatever I have to leave. And I am not afraid to make a mistake, even a great mistake, a lifelong mistake and perhaps as long as eternity too"...