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Kermesses Intercolegiales y Talent Shows


De la educación católica
(II)
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Eunice Shade

Tengo en mis manos una tarjeta de la Kermess del colegio de San Pío X
en Bello Horizonte, Managua. Azul y blanco son las letras de aquella
celebración un 15 de noviembre del 2015 cuando los alumnos compartían
un rato de esparcimiento. Tres años después, gracias a San Pascual
Bailón, encuentro la tarjeta que he guardado por la nostalgia que
siente uno en esos momentos en que El Señor  nos recuerda aquellos
días de nuestra infancia y adolescencia. San Pío X me conduce no sólo
a las blancas y pulcras aulas de mi Pureza de María sino a los años
dorados y maravillosos de las kermesses intercolegiales. Recuerdo con
especial cariño la kermess y el talent show del Colegio Teresiano; la
música de los años noventa: a las muchachas bailando el cover de
Stayin' Alive en el auditorio Enrique de Ossó y a mi mejor amiga de la
infancia, Mónica y yo caminando por los kioskos viendo y comiendo los
dulces y las comidas típicas. Eran los tiempos de Vilma Palma e
Vampiros y aquel éxito del auto rojo: “Te busqué en mi auto rojo a las
6 llevaba un frac muy nuevo que en verdad no me quedaba muy bien”.
Quien diría que tiempo después llegarían a Nicaragua y se presentarían
en el Polideportivo La Salle.
Lo mejor de aquellos años era la felicidad con que recorríamos las
kermesses de La Salle, del Calasanz y de tantos otros colegios que nos
recibían con alegría. Y siempre me pregunto, éramos, somos todos
católicos, y aunque Mónica estudiaba en el Teresiano y yo en La
Pureza, notaba las diferencias que entre nosotros había: el diseño del
uniforme, el himno del colegio, los santos y la vírgenes de
veneración. En nuestro caso, la Virgen de la Pureza y la Madonna de
Roberto Ferruzzi. Hace tres años me digné a ir una misa de los
carmelitas en Nuestra Señora del Carmen. Me sorprendió la alegría de
las misas carmelitas y la homilía del Padre Alonso, quien hizo énfasis
en no olvidar a Carmelo Teresiano. A mí, que vengo de La Pureza, me
sonó tan extraño el nombre de Carmelo Teresiano, me sonó como un mundo
completamente nuevo. Pues cuando recuerdo a Madre Alberta, me suena
tan natural. Incluso a Madre Sampol, Madre Gans o Madre Fluxá, que han
sido monjas de grandes aportes a la comunidad de La Pureza, son los
dinosaurios de hierro de la historia que han sostenido la fe del
colegio. La Pureza me es pues natural, familiar. Recordar a la Madre
Juana con su hábito blanco y su velo negro, vendiendo tajadas con
queso, churritos y chiverías en el bar del colegio me llena de mucha
alegría. O a la Madre Bernardita enseñándonos religión, las preguntas
teológicas difíciles sobre Dios, así como su supervisión de la
pulcritud de nuestro comportamiento, nuestra vestimenta y las aulas.
Los calanzancios organizaban unas veladas y kermesses memorables donde
nuestros amigos bailaban Si la morena pide más de Los Ilegales o las
canciones de Proyecto Uno. Y Los Lasallistas de El General. Si es que
es todo un hit-parade de la memoria, y uno se sorprende de cómo los
curas y las monjas nos permitían tanta alegría. En medio de esa música
del recuerdo caminábamos y disfrutábamos de la vista y de los juegos,
los cuales eran muy populares. En la Kermesse del colegio
Centroamérica escuchamos el rock de Nirvana. Para esa ocasión, Mónica
y yo, nos vestimos gemelas con unos corsés blanco con negro, jeans y
tennis, y en la tómbola nos sacamos la rifa de unos papel higiénicos.
Nos divertíamos escuchando los cuentos de la gente pues pese a que
veíamos los juegos, nunca participamos de los mismos. Entre estos,
estaban “casamiento”, “la cárcel”, “la casa del susto”, entre otros.
Escuchábamos las reglas de cada uno, en casamiento: “el muchacho al
que le gustabas pagaba para que te casaras con él”. La cárcel: era
cuando pagabas para meter a alguien y si lo agarraban y lo
encarcelaban, tenía que pagar dinero por su libertad”. Escuchábamos
los cuentos de los muchachos y muchachas y gozábamos. Bailábamos en
los auditorios y aunque proveníamos de otros colegios se había formado
un grupo inter-colegial e inter-generacional que nos saludábamos y
compartíamos cada vez que nos mirábamos. Hoy me pregunto de la
importancia de asistir a la kermesse y al talent-show del colegio, ya
sea del tuyo, o de tus amigos. La importancia del espacio de
recreación en donde intercambiamos con los amigos y crecemos en la
amistad. Hoy me pregunto por esta nostalgia que siento, por esa senda
que amorosamente Dios tejió para nosotros. Hoy camino por el sendero
de la memoria, me pongo mi traje blanco y rojo de porrista, tomo mis
pompones, el profesor de educación física nos alinea en la enorme
cancha de La Pureza, y bailamos la Macarena. Nos preparamos para el
partido.

Pittsburgh, Febrero 13, 2018.

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