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El ideal



Por Eunice Shade*

En esta época de cambios en los que el tiempo de la vida pasa, en el silencio de una semilla que crece, contemplo y reflexiono sobre lo ideal en mi vida. Mi ideal es la añorada patria de la infancia, una infancia que es un tesoro pues estuvo llena de una vida de oración y de amor que recuerdo todos los días; siempre he querido vivir como en la infancia. Cuando regresé a los Estados Unidos en 2013, veinte años después de mi último viaje a Miami en la navidad y año nuevo de 1992-1993, venía con esa esperanza. En 2015 los americanos despertaron en mí el sentimiento patriótico por su nación. La victoria del presidente Donald Trump me llenó de regocijo, pues durante la campaña, fui partícipe de lo duro que es construir un país fundamentado en valores cristianos. No en balde en una de las entradas de la Universidad de Ohio se lee, aquí mi traducción: “La religión, la moral y el conocimiento son necesarios para el buen gobierno y la felicidad del hombre; las escuelas y los medios educativos deben siempre ser fomentados”.
La plataforma republicana, especialmente de Florida, me cautivó, pues vi en ellos el mejor plan para el desarrollo de los hispanos en Estados Unidos. En primera el respeto y la seriedad con que se dirigen a nosotros encarnando el ejemplo, como el Señor John Ellis Bush, conocido como Jeb Bush. Luego el progreso en la descedencia hispana de segunda y tercera generación, descendencia que puede verse en puestos de liderazgo como el caso del Señor Marcos Rubio. Recordé a hispanos nicaragüenses que migraron en la oscura década de los ochenta nicaragüenses a Miami y cómo los gobiernos de los señores Ronald W. Reagan y Geroge H. W. Bush los apoyaron con vivienda, trabajo, educación para sus hijos, quienes hoy dirijen sus labores y vidas sobre la base de valores cristianos.
Este grupo hispano, sobre el que reflexiono, me inspira y motiva a no sólo a creer en un cambio, sino a vivir el cambio en mi vida, a mediados de mis treinta, en los que a pesar de mis errores pasados, no pierdo la esperanza de hacer realidad mi ideal. Con esto quiero transmitir a los más jóvenes, que no se amedrenten cuando les digan que no pueden porque no son ejemplo, que el primer paso para convertirse en uno: es tener un ideal; quien tiene ideal se acerca a la virtud, y la virtud es una forja de toda la vida; que no se amedrenten cuando los condenen a sus errores del pasado, pues bien ha dicho Winston Churchill, parafraseo: Aquellos que no aprenden del pasado, están condenados a repetirlo. En este sentido reflexiono sobre mi pasado libérrimo y pecaminoso, retomo lo bueno, y me arrepiento de lo malo, no sólo de mis acciones, sino de mis escritos, pues un
 iberrimaje sin Dios sólo conduce a la catástrofe. Hoy pienso en la necesidad de una juventud conservadora, y cuando digo conservadora, me refiero a repasar los treinta años conservadores de Nicaragua, pues es deber patriótico reflexionar qué ideología política defiende mejor mis valores cristianos; lo sé yo: descendiente de timbucos y calandracas. Ser conservador en tiempos como los que se viven hoy es un acto de
valentía.

Pittsburgh, Julio 10, 2018.

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