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Conversión




Eunice Shade

Salimos de las catacumbas, de la ermita franciscana y estamos bien enraizados y dispuestos a fortalecer las raíces cuando sea necesario tal cual lo hizo Santa Teresa de Calcuta. Deber es cuidar las raíces, el tallo, las hojas y grano de nuestro buen cafetal nicaragüense, sobre todo de la roya, hemileia vastatrix, o en inglés coffee rust, pues la infección puede seguir causando pérdidas financieras a las exportaciones, importaciones y cotizaciones del grano; un vigilante supervisor que esté alerta en todo momento sería de gran ayuda porque el demonio anda a la orden del día buscando cómo corromper y/o hacer el mal.  La asociación de buenos cafetaleros debe unirse en aras de producir un grano centroamericano de alta calidad. Esto lo digo porque a Centroamérica la une también el café. Para conservar esa unidad debemos diferenciar lo que proviene del exterior y lo que proviene de nuestro interior. Un libro que recomiendo para profundizar en la reflexión sobre el cultivo de nuestro interior, es La imitación de Cristo de Thomas à Kempis. En dicho libro, à Kempis ofrece una serie de consejos y meditaciones que ayudan al alma a encontrar la paz y la seguridad necesaria para la vida en la fe; imitar a Cristo es difícil, y subrayo el verbo «imitar»; detengámonos en la acción de «imitar». ¿Qué es «imitar»? Es acercarnos lo más posible a los valores que Cristo nos legó: tener un trabajo, casarse, formar una familia sólida en la fe, rezar todos los días, ir a la Santa Misa no sólo los domingos. Desde la intención de concebir una familia, hasta su realización plena en su forma, la forma cómo se honra al Señor, debe estar hecha en santidad; o en lo más apegado a los mandamientos del Señor. ¿Qué dice el Señor sobre cómo se debe formar una familia? De eso se trata entonces el imitar a Cristo; imitarlo, porque no sé puede ser cómo Él; sólo Él es el Salvador. Las hermanas Joanna Marie Wenzel y Aimee Franklin, en un comento al Llamado de Santidad en San Francisco de Sales, lo escriben breve y puntual, parafraseo: la intención, cómo aplicar nuestro trabajo particularmente al amor del Señor, la dirección de la intención y el valor de las pequeñas acciones; el Señor tiene, pues, su forma; conocer su forma implica una conversión real, una disciplina, una práctica. No se puede esperar conocer la forma del Señor yendo a la Santa Misa una vez a la semana, bien lo dicen los pastores que cuidan de nuestra Santa Iglesia; para que el converso logre recoger buen grano, debe respetarse su conversión. En ese camino duro que es convertirse se experimentan pruebas del Señor y persecución religiosa por parte del adversario. Como el adversario sabe que la luz del Señor es poderosa, impide al converso su asistencia a la Santa Misa. Se debe diferenciar lo que proviene del Señor, de la manipulación del demonio, es decir, lo que el demonio quiere que interpreten de la Santa Misa, y lo que realmente el Señor nos dice en la Santa Misa. La Santa Misa no es una teoría; no se puede vivir la fe de esa forma pecaminosa. El adversario persigue para sobreponer los intereses de un grupo político-secular a la voluntad del Señor. Santa Faustina, Apóstol de la Divina Misericordia, es diáfana cuando escribe que una vez que el fiel se une a la voluntad del Señor, no hay vuelta atrás porque para atrás ni para agarrar impulso. El diablo pues, tiene su grupo de diablillos, y persigue al converso y lo atiborra de falsedades para que este no pueda ser parte de la cena del Señor; o para que este mal interprete el mensaje, la Buena Nueva que el Señor nos transmite en la Santa Misa. Un ejemplo sabido de esto es la falta de respeto al individuo: solos venimos y solos nos vamos de esta vida.
La verdad es un dogma y el dogma no se cuestiona; es pecado mortal cuestionar los dogmas de nuestro credo. Las academias (escuelas y universidades) sean privadas o públicas, seculares o religiosas deben respetar las conversiones de los estudiantes y los dogmas de su religión y nosotros sabemos bien qué es una religión. Entre las academias existen convenios que deben respetarse. Sólo el demonio atormenta por el pasado; quien cree de verdad en el perdón del Señor, confía en sus promesas. San Agustín de Hipona tuvo “una juventud inquieta y desviada en cuanto a doctrina y costumbres”, o Santa María Magdalena, pecadora de quien Cristo expulsó siete demonios. El respeto a la religión del educando es aliciente del buen patriota, pues el converso contribuirá con sus deberes patrióticos. ¿Respetamos de verdad las vidas de San Agustín y Santa María Magdalena?


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