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El académico hispano, educación y política





Eunice Shade

Cuando camino por el campus de la universidad reflexiono sobre la dignidad del académico hispano. Viene a mi la pregunta: ¿Qué estamos haciendo aquí en un edificio con otros representantes de lenguas extranjeras? Alemán, inglés, italiano… La respuesta salta a la vista: me admiro de mi tradición hispana. En la Santa Iglesia de Santa Catalina de Siena de Pittsburgh nos enseñan sobre «nuestra herencia hispana». Aún en tierra extranjera la educación religiosa cuenta y debe dársele continuidad respetando las raíces del estudiante y del académico hispano. Escucho a Wagner, leo a Shakespeare, recuerdo a Dante. Toco mis castañuelas y medito los Campos de Soria de Antonio Machado. Me sumerjo en una crónica de Rubén Darío. Estamos hechos de agua, espíritu y tradición. En ese trajinar de la vida académica circulan ideas y teorías que el académico tiene derecho a elegir; con quien debates, qué debates, pues no estamos obligados a debatir. El debate académico no se impone, sino que es un ejercicio intelectual voluntario. Por ejemplo, no se puede obligar a un católico a debatir su profesión de fe (credo niceno y apostólico) pues transgrede la Enmienda I de la Constitución Política de los Estados Unidos, en cuanto a la práctica de nuestra libertad religiosa. Los dogmas de fe son incuestionables, intocables y sagrados. Me pregunto cómo nos verán los académicos extranjeros, a nosotros los académicos hispanos; si respetarán nuestra dignidad, si nos valorarán por el ingreso per cápita de cada mexicano o nicaragüense; he tenido la dicha de tener ciertos profesores especiales que me han compartido que el académico hispano tiene derecho a proponer sus temas, así como el desarrollo de tales, pues la meta es formar y fomentar una mente crítica. No envidio a Shakespeare, sino lo disfruto. Es una gran experiencia para el académico hispano y/o latino meditar sobre su educación. A mi me inspiró, me inspira y motiva la entrada de la Universidad de Ohio Class Gateway 1804 que reza, cito literal: “Religion Morality and Knowledge being necessary to good government  and the means of education shall forever be encouraged”, me detengo en Religión, Moral y Conocimiento, pues el conocimiento sin valores morales conduce al individuo al desastre. El conocimiento sin ética es perjudicial para la construcción de la nación. Nos lo recuerdan Carlos Tünnermann Bernheim y Alejandro Serrano Caldera, intelectuales comprometidos con Nicaragua. Si queremos una nación unida, fundamentada en valores morales, debemos proteger y formar individuos fuertes, individuos conscientes y reflexivos del contexto político en que se encuentra la nación americana; por ejemplo, el fallecimiento del Senador John McCain (q.e.p.d). ¿Quién fue John McCain? ¿Cuál fue su legado? John McCain es un héroe, un sobreviviente, John McCain nos recuerda lo que significó Vietnam para un país en donde murieron miles a causa de la guerra. La pasión del ser americano por la política me hace recordar a Nicaragua devastada en este momento, dividida de forma corrupta. ¿Cómo apoyar a Nicaragua? ¿Cómo construir esa nación nicaragüense ideal? Imagino un nuevo gobierno con candidatos honorables y honrados, como el Doctor Noel Vidaurre y Don Enrique Bolaños Geyer; imagino que el Presidente, de Estados Unidos, Señor Donald Trump apoyaría dichas candidaturas. Imagino al Partido Conservador en Nicaragua cuidando nuestra tradición. Nicaragua debe honrar a sus ancestros. 

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