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Un sacerdote real II




(Reflexiones sobre pastoreo)

Eunice Shade

Joseph Cardenal Ratzinger dice: “La Iglesia, pues, se define por un doble elemento: la pura doctrina y la recta administración de los sacramentos”; los sacramentos son siete: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio. En cada sacramento se encuentra una gracia sobrenatural única. La Santa Iglesia debe preparar al fiel siguiendo el procedimiento establecido en el catecismo, en el derecho canónico y en las santas leyes.
Si la confirmación requiere de doce encuentros, doce encuentros deben ser, no uno; la fe necesita madurez para que el fiel comprenda que un sacramento es un signo de la presencia de Cristo. Es aún más: “Cuando la Iglesia celebra los sacramentos confiesa la fe recibida de los apóstoles”, una larga y sagrada tradición. Los tiempos en la Santa Iglesia se deben cuidar pues preparan al fiel para la maduración en la fe. Pastorear es más que una enseñanza. ¿Pastoreo a mi rebaño fortaleciendo su espíritu? La oveja de una comunidad debe respetar a la oveja de otra, y sus pastores también. De ahí surge la reflexión sobre “qué hacer con la envidia de mi rebaño” hacia Fulano, nosotros somos Fulano, pues si bien el pastor debe cuidar a su oveja: El buen pastor da su vida por las ovejas (San Juan 10: 11), debe también respetar la voluntad del Señor. El profeta Isaías previene de los malos pastores: Son pastores que no entienden, siguen cada uno su camino, cada cual busca su interés (Is 56: 11) y no el del Señor. Un sacerdote real debe estar vigilante del trabajo ancestral de su rebaño: Tened ceñidos vuestros lomos y encendidas las lámparas (Lucas 12: 35-38) para alumbrarnos y protegernos en una grande noche oscura, la noche oscura de los años ochenta de Nicaragua y las elecciones posteriores a los noventas, en las que se solapó la corrupción, que engañó a miles forzando a una división en los habitantes, una división corrupta producto de la envidia y que atenta contra los dogmas de fe de un pueblo que no ha hecho más que esforzarse en seguir a Dios, para luego caer en una alianza política que no dejó más que el mal recuerdo de la conocida enseñanza de Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” y enfatizo esto porque es el origen; cuando se está enfermo se trata la causa, no los efectos.
En medio de tanta corrupción es una dicha contemplar una ancestría obediente al Señor durante siglos, generaciones de generaciones, por ejemplo, desde 1600 hasta ahora. El tiempo de Dios es sagrado, por ejemplo, en San Mateo 1: 1-17, la genealogía de Jesús y en 1 Paralipómenos o Crónicas 1-9 las genealogías y descendencias de Abraham, Jacob, Judá, David, Simeón, Rubén, Gad, Manasés, Leví, Isacar, Aser y Benjamín.
¿Por qué el rebaño de tal tribu tal cosa? Es pregunta de Judas Iscariote. Aún y ante la falta de recursos en la Santa Iglesia, la recta administración de los sacramentos debe respetarse. El examen de conciencia, la contrición, la confesión, la penitencia son una práctica que nos reconcilia con Dios. En la contrición decimos: “Propongo firmemente nunca más pecar”, esta propuesta debe ser tomada en serio, pues aunque seamos pecadores, es nuestro deber obedecer los mandamientos del Señor, especialmente a los que nos hemos convertido. El Señor, por ejemplo, dice que los pecados contra el Espíritu Santo son imperdonables, la palabra del Señor es un mandamiento y debe obedecerse (San Mateo 11- 31-37).
Al igual que de Saulo a Pablo y luego a San Pablo, la conversión nos llama a una nueva vida. La conversión de Pablo es de las más conmovedoras. Mientras iba a Damasco Saulo vio a Jesús, Dios le habló y Saulo nunca volvió a su pasado. Pablo es uno de los grandes evangelizadores, apóstol y santo de la Santa Iglesia, nos refiere Luis Becqueé. Santa Catalina de Siena sobre los perseguidos escribe: “Yo he prohibido que mis Cristos sean tocados”, perseguir a los ministros y a la Santa Iglesia y sus miembros es pecado. Santa Catalina de Siena en El Cuerpo Místico de la Iglesia cuando Dios le dicta palabra por palabra y refiriéndose a la persecución contra la Santa Iglesia dice: “Yo he prohibido que mis “cristos sean tocados (…) considero hecho a mí lo que se ha hecho a ellos (…) quebrantan el mandamiento pues he prohibido que los toquen  (…) esta ofensa va directamente contra mí”. Perseguir a los conversos es pecado. Se debe reflexionar sobre esto: la inteligencia, el lenguaje y nosotros provenimos de Dios. Los dones provienen del Espíritu Santo a través de la Gracia, sea esta en la familia, el colegio o la Santa Iglesia. No se le debe nada a nadie más que a Dios. Cuando nos acercamos al Señor conocemos nuestra cruz: nuestra santa cruz silenciosa, que El Señor nos ayuda a cargar. El diablo intentará engañarte sustituyendo tu cruz por la que le conviene a él. ¿Cuál es tu cruz? No se debe ni tapar la cruz ni cargar cruz ajena. El silencio y la santidad son llamados de Cristo. Un llamado de Cristo es sagrado. “Con la ayuda de Dios, propongo firmemente nunca más pecar” es una práctica, propongo alejarme por completo de todo lo que conduzca al pecado. Se debe diferenciar la desviación del mundo y el pastoreo real de la Santa Iglesia. No olvidar tampoco que los sacerdotes están expuestos a amenazas y son atacados. No se debe olvidarlos en nuestras oraciones. Si nosotros como fieles somos perseguidos, los sacerdotes aún más. Los sacerdotes reales son ejemplo de confianza absoluta en la voluntad del Señor, pues ante las acechanzas del demonio, nunca dejan de rezar. Si rezas una ave maría y alguien te interrumpe o insulta ¿cambia el ave maría? No. Si el sacerdote ve a un espíritu maligno en la imagen de Cristo de la Santa Iglesia, ¿cambia el Cristo? No. ¿En quién crees más, en los espíritus malignos, en los ídolos o Cristo? Si Nicaragua desea santamente un cambio, debe realizar un sacrificio que implique un compromiso con los mandamientos, con el Espíritu y todo lo que nos acerque al Señor. No es el parecer del enemigo, sino el de Cristo y el del fiel. Fray Bernardino de Sahagún en su estudio de los nahuas: El México Antiguo encontró similitud, semejanza y coincidencia con nuestro Señor Jesucristo y la mitología de los indígenas. Fray Bernardino, de la Orden de San Francisco de Asís con la lámpara encendida del Espíritu Santo iluminó una grande noche oscura con estas palabras que provienen de Dios: La coincidencia no implica y no vincula. Jesucristo no es ni mito, ni magia, ni cuento. No se trata que parezca bueno, se trata del camino del Señor. De ahí que la práctica devocional nos ayude a obtener la gracia, por ejemplo, rezar el angelus, rezar una novena, rezar y comulgar los viernes y sábados mandatados para el Sagrado Corazón de Jesús y el Imaculado Corazón de María, leer la Santa Biblia, practicar los mandamientos que El Señor nos recuerda en las homilías, leer la vida de los santos, o ver una película que edifique y fortalezca nuestra fe en Cristo. Expreso esto como miembro de la parroquia de Santa Catalina de Siena y porque el bautismo me llama a “confesar la fe que he recibido por medio de la Santa Iglesia y de participar en la actividad apostólica y misionera”. Este es mi humilde grano de arena.

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