Skip to main content

II Epístola de Calcuta, Miami, Florida

Eunice Shade

Las misoneras de la caridad de Miami me invitan a misa. El albergue es
un tesoro. Las monjas de Calcuta son estrictas. Las monjas son seres
misteriosos, llenas de luz en oración perpetua. Mi camino de Fe empezó
en primer grado, en el colegio Pureza de María. Desde chiquita Dios me
marcó, causó una fuerte impresión en mi. Ese año, 1987, aprendí mi
profesión de fe, el credo de los apóstoles, con la guía de la Hermana
Juana Parera, monja de la congregación Pureza de María. Sobre el credo
de los apóstoles ha hecho una gran reflexión Joseph Cardinal
Ratzinger/ Papa Benedicto XVI, sobre ellos está cimentada nuestra fe.
El siguiente año, 1988, es un misterio profundo, lo he vivido con las
monjas de mi colegio Cristo Rey. Continué mi camino en La Salle en
1989, tenía entre 8 y 9 años de edad. 
En mis cartas con el Hermano Benito Agustín Díaz López, hermano Lasallista, 
San Juan Bautista La Salle me abrió la puerta a contemplar. 
El hermano Benito es sabio cuando me dice y me
acuerdo de mi tercer grado de primaria: «Aprendías lo que es la vida».
La educación católica como la llaman en teología de la educación es un
llamado libre; ya a los nueve años sufrimos. Las lecturas de Santos
han cambiado mi vida por completo. Sufro, más no debo ser egoísta de
pensar sólo en mí. No les niego que siento temor y que a veces me
cuesta confiar. Sin embargo la Fe siempre está comigo. A veces me
siento rodeada de judíos, musulmanes y protestantes. El Señor desde
chiquita me habla; manda a sus arcángeles para guiarme. El Señor en La
Salle me apoyó a reflexionar. Tenía entre 12 y 13 años cuando vocalicé
mi primera respuesta a Jesús, pues antes sólo hablábamos en silencio.
El Silencio, la gracia y la santidad, reflexionen sobre dichas
reliquias. Mi camino de Fe continuó en Pureza de María. Aprendía y
practicaba mis primeras lecciones de pastoreo en 1994 en el aula de
clases. La traditio del magisterio católico es sagrada, el maestro
sabe que el aula de clases es un templo. Las Misioneras de la Caridad
de Madre Teresa de Calcuta me hacen la gran caridad de darme alimento
del alma; lo que más valoro. He renunciado a todo por mi camino de Fe
en nuestro Señor. Recen para que el albergue reciba donaciones y que
se hagan las mejoras pertinentes. Las Misioneras hacen un gran
trabajo. Más adelante les contaré los pequeños milagros que he experimentado en
el albergue. Uno de los confesores del sacerdote que nos confiesa y da
la misa, fue uno de los confesores de Madre Teresa de Calcuta; Creo, se llama, 
Fr. Leo Massburg. Con esto quiero decirles que a veces no vemos, no escuchamos, 
y que Dios nunca nos abandona. Los dejo con estas humildes palabras, recen siempre. Así sea.

Comments