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¿Qué es una vocación religiosa? I


 Eunice Shade 

 Una vocación religiosa viene del cielo. Se cultiva por manos de un sacerdote real. Desde antes Nuestro Señor me había escogido para ser su esposa. A mis 34 años, llegó a recordármelo. Me acuerdo, 22 años sin oírte. Sentí temor al Espíritu Santo. Porque en las homilías en Pittsburgh, el Señor me hizo revelaciones y una es que desde tercer nivel me había escogido para su esposa. En Pittsburgh vi películas de San Francisco de Asís, del Padre Pío de Pietrelcina, San Juan Bautista de la Salle y programas del Obisbo Robert Barron, quien presentó a Santa Teresa de Ávila, a Santa Catherine Drexell y a Santa Teresa de Lisieux. Medité mis temores sobre las tres santas. Sentí miedo porque Santa Teresa es de la nobleza, Santa Catherine donó su fortuna a la Santa Iglesia y de la Pequeña Flor no sabía nada. Yo no soy noble, no tengo reales y no sé nada de tí Jesús. Sólo tengo oración, magisterio y escritura. Con la vocación religiosa no se juega, ser monja es serio, la voluntad de Nuestro Señor es Sagrada. La vida del religioso es de tentación perpetua. ¿Por qué permite el Señor las tentaciones? Para forjarnos un Espíritu fuerte. Cuando San Francisco de Asís gana el combate en Monte Subasio, revela la santidad del Espíritu. La santidad no nace de la fuerza, la santidad no nace de la risa. En León, medito sobre qué es una vocación religiosa, la Pequeña Flor me enseña porque escribe de su vocación carmelita. Aún y amando a San Francisco de Asís y a las Clarisas, Santa Teresa del Niño Jesús se siente llamada al Carmelo. Así fui al Monasterio de Las Clarisas de la Orden Franciscana de Santa Clara de Asís, a las Hijas de María Auxiliadora de la Orden Salesiana de Sor María Romero Meneses, a la Congregación Pureza de María de Madre Alberta Giménez Adróver, lista para empezar mi noviciado porque nací para ser monja. Me acuerdo, mis papitos y mis tíos querían que me casara y formara una familia fiel en la fe, que fuese una dama pobre, como enseña Santa Clara la pobreza de espíritu. Más el Señor me había hecho promesas y me acuerdo del día de mi primera comunión cuando tenía once años en El Santísimo Redentor: vestía toda de blanco con un vestido, zapatos, escapulario, vela y libro de oraciones que con sacrificio me trajeron de Miami, y mis tíos y mi mamita me hicieron un desayuno. El Señor me dijo que no saliera en esos días, que fuese una ermita, y Mónica y mis amigos del vecindario me invitaron a salir a jugar y yo les dije no para evitar situación de pecado porque acababa de recibir mi primera confesión y comunión. Entonces El Señor me dijo que espere antes de consagrarme y me dijo que sea obediente. Yo sufro todos los días porque quisiera consagrarme ya. Me sueño con ser esposa de Jesús, con mi velo, mi hábito, mi crucifijo y mi rosario de consagración. Nada me da tanto gozo como rezar todos los días. Cuando me recordó nuestro amor de infancia dejé todo, renuncié literalmente a todo por Nuestro Señor y el Santo Rosario. Le prometí que lo rezaría cada día. Rezar es el silencio de la madrugada cuando me levanto y te busco Señor porque no te veo y lloro. Tanto es el amor del Señor que me dijo: No es necesario que leas nada, yo te daré todo, y yo le creo. Una vocación religiosa es también un compromiso con Nicaragua: ¿Por qué cuando el devoto expresa su devoción y dice: Voy a votar por John Ellis Bush, apoyo a los republicanos, al presidente Donald Trump y al doctor Noel Vidaurre, Noel Presidente de Nicaragua, los amenazan diciéndoles que están mal? Y no es así. Quien está en la gracia y cumple los mandamientos no debe temer al mundo, el Temor es al Espíritu Santo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nuestra Señora de Lourdes ruego tu intercesión ante Dios, Nuestro Señor, para que infunda en mí temor al Espíritu Santo. Amen.

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